Conoce Tlaxcala

JULIO PÉREZ GALINDO

POR: MA. ISABEL GÓMEZ

Hay un personaje tlaxcalteca que todo mundo conoció, pero pocos lo recuerdan, un historiador viviente como lo describe Romualdo Padilla Padilla, consocio de la Sociedad de Geografía, Historia, Estadística y Literatura del Estado de Tlaxcala (SGHEL), sobrino de Modesto González Galindo, a quién la historia reconoce por su representación genuina de la raza indígena tlaxcalteca en el Congreso Constituyente…, dedico este articulo a un hombre que dio todo porque se conociera la verdadera historia de Tlaxcala, investigador, escritor y promotor cultural incansable, a DON JULIO PÉREZ GALINDO.

AÑORANZA…

“Mira niña – me decía cuando caminábamos por la calzada de San Francisco para salir a la Plaza Xicoténcatl- debes aprovechar la oportunidad que te dieron tus papás para que estudiaras, muchos no la tienen, ni yo, donde viví de chamaco, no había luz (energía eléctrica) y aprendí a leer y a escribir bajo la luz de una vela, por eso eres afortunada de tenerlo todo… (Sic)”.

Esta Imagen fue tomada en 1992, en la presentación de un libro en la Pinacoteca, Don Julio me acompañaba en mis inicios como reportera.

Al recordar estas palabras que me decía una y otra vez, en aquel entonces no le daba el valor que ahora (casi 30 años después) le reconozco, cuánta razón tenía en sus palabras y que a muchos les molestaba por su franqueza y otros, simplemente lo ignoraban.

Don Julio Pérez Galindo, un hombre de edad avanzada, vestido de forma sencilla donde escondía a aquel ser intelectual y que la vida le negó la oportunidad de desarrollarse profesionalmente; llegó a la capital tlaxcalteca en un momento difícil de su vida, sin dinero y sin parientes cercanos, inició su peregrinar por las calles de la ciudad, “yo soy de Terrenate, allá al norte de Tlaxcala, en la Noria (Hacienda) ya no había nada, al quedarme solo, decidí venirme para acá, allá ya no tenía nada… todo se acabó”.

Casco de la Hacienda la Noria, Terrenate, Tlaxcala.

Así fue la primera conversación larga que tuve con él, después de varios días intentando sacarle platica, ya que llegaba y se paraba en la entrada de la oficina donde trabajaba como reportera de un noticiero de radio, con su mirada fija al piso, sin decir nada, solo alzaba la vista para preguntarme con señas si había alguien más, al principio no le entendía, pero al pasar los días me di cuenta, de que me preguntaba si estaba sola. Yo le respondía algunas veces que sí, otras que no, hasta que un día se decidió y se sentó en la silla que le ofrecí.

Era el año de 1992, había terminado la licenciatura en Ciencias de la Comunicación, aún era muy inexperta en cuestiones de hechos históricos de Tlaxcala, así que platicar con él, escucharlo narrar anécdotas y pasajes históricos que había vivido y en algunos casos investigado, me motivaba a seguir su ejemplo y ejercer mi profesión de periodista con dignidad.

Vista hacia la Matlalcuéyetl, desde Terrenate.

De su vida personal, poco se conoce, ya que no se encuentran indicios ni datos biográficos, solo que cuando lo conocí era ya un hombre de edad avanzada, de baja estatura, delgado, de cabello escaso y cano, ya un poco encorvado por los años, quizás tenía 70 años o más, no lo sé con exactitud.

UN HISTORIADOR VIVIENTE: ROMUALDO PADILLA

Coincido con la descripción que hace de él Romualdo Padilla: “muy tímido, una persona muy honesta y que siempre dedicó su vida a la cuestión cultural, hijo de una maestra rural que trabajó en la sierra norte de Puebla, no recuerdo si tuvo más hermanos o era hijo único, tenía la característica de ser además de tímido, ateo, cosa muy rara porque don Julio era una persona muy conocedora de las situaciones de la época, hablaba mucho de la conformación de la Constitución de Tlaxcala, incluso uno de sus tíos fue constituyente…(Sic)”.

Recuerda el consocio de la SGHEL, que lo conoció en el año de 1999: “un día llega Don Julio, preguntando por donde se encontraba el archivo municipal, otra de las características es que se le veía de la biblioteca Central del estado de Tlaxcala “Miguel N. Lira”, se le veía venir caminar de la biblioteca por la calle Lira y Ortega siempre bajo del brazo un legajo de periódicos, uno de ellos el Sol de Tlaxcala, porque ahí tenía un espacio cultural que hacía alusión a algunos momentos de la época de la revolución”.

Biblioteca Central Miguel N. Lira.

-Recuerdo- prosigue su charla- “cuando un día llegó al Ayuntamiento de Tlaxcala donde yo trabajaba en el área administrativa, preguntando por donde estaba el archivo municipal, que era realmente un pretexto nada más porque él sabía bien donde estaba. Nos pusimos a platicar por mucho tiempo y al otro día, igual llegó, preguntando por el tema que me había compartido un día antes, sobre el lugar donde habían entrado los españoles a territorio tlaxcalteca, que era en el territorio norte del estado, él vivía y narraba vivencias, era una persona culta, pero nunca había tenido una educación escolar más que la de la vida”.

“Él era ateo, me dijo, -yo no creo nada de los rojos, yo soy anticlerical-, se expresaba mal de los sacerdotes, seguramente tuvo una amarga experiencia, porque me platicaba también que en alguna ocasión él había sido acolito, no sé si había sido en la iglesia de la Loma Xicoténcatl, vio como el sacerdote tenía algunas malas mañas y entonces se volvió así de esa forma, yo le decía, Don Julio todos necesitamos de la fe para poder sobrevivir, él contestaba, yo no creo en esas cosas…” (Sic)

MVZ. Romualdo Padilla Padilla, consocio de la SGHEL de Tlaxcala, en entrevista para Tlaxcala Cultural.

“Esas visitas se repitieron muchos años, llegaba todas las tardes y me platicaba, llevaba recortes de periódicos, yo una ocasión le pregunte que de donde sacaba los recortes de periódicos, yo tengo un lugar donde vivo, por cierto el obtenía ingresos escasos, muy escasos, pero al final ingresos, de dos partes, una era un pequeño apoyo que le daban en el Sol de Tlaxcala, y la otra era a partir de los trabajos que hacía en la casa de don Crisanto Cuellar  Abaroa como jardinero, curiosamente”.

“Ahí le daban un espacio para ahí vivir, decía te tenía un lugar lleno totalmente de periódicos, él mismo me lo dijo en algún momento, que tenía una cantidad increíble de periódicos donde él había escrito, esa evidencia del Sol de Tlaxcala está plasmada de 1990 hasta por el 2000”.

“A don Julio Pérez Galindo se le veía transitar siempre con su chamarra color beige, un señor muy delgado con la nariz muy afilada carente ya de algunos dientes y también una persona muy escurridiza, no se dejaba ayudar, una vez le dije, don julio yo tengo una chamarra en casa me gustaría obsequiarse, y me dijo, no, yo no vine a pedir nada, no se ofenda Don Julio, no, yo no vine a pedirle nada yo lo único que quiero es platicar con usted y quiero que mi legado en la historia también se quede en usted”.

Julio P. Galindo, como firmaba sus artículos que llevaba al diario de los tlaxcaltecas, y que de acuerdo con testimonios, se quitó el apellido de Pérez, porqué su papá lo había abandonado a él y a su madre, y ella con muchos sacrificios los sacó adelante sola… (Sic) transcribía, era aferrado a sus ideales revolucionarios y no comulgaba con las ideas socialistas, para él era los “rojos”… (Sic)

Prosigue Romualdo Padilla, “así pasaron muchos años, pasaron por lo menos 5 años, y en algún momento él se enojó mucho conmigo porque yo llevaba mucha prisa, y también le hice un comentario sobre lo que él llamaba los rojos, los rojos eran los socialistas, los cubanos, los rusos, los venezolanos, esos eran los rojos para él, yo le decía y se enojó mucho conmigo y me dejó aventada las cosas, porque era francamente una persona aferrada a sus ideales que no lo hacía cambiar nadie, pero además era una persona buena gente”

“Hay que reconocer que era una persona que siempre andaba solitaria, transitaba mucho entre la calle Migue Lira y Ortega o estaba ocasionalmente tomando sus alimentos en lo que es la CFE, siempre gustaba de comerse sus quesadillas, memelitas y ahí con su papel de estraza comía en los escalones, era una persona que no tenía la intensión de socializar, pero eso si era muy bueno, y defendía sus ideales tenía un gran cariño por su pariente, don Modesto González Galindo, constituyente, era una persona, a mi juicio, integra, recapitulando, una persona que tenía un gran cariño por Tlaxcala”.

En estas mesas, siempre se le veía a Don Julio, buscando en los periódicos datos para sus artículos que escribía para El Sol de Tlaxcala.

Escribía cosas que él había vivido, era una de las pocos historiadores vivenciales, él contaba la tradición oral, es uno de los pocos personajes que vale la pena recatar, estaba en contra de las ideas de muchos historiadores de la época, no era muy afín a don Desiderio y era muy apasionado en sus discusiones cuando tenía que discutir lo hacía y defendía a capa y espada su versión”.

LA MURALLA TLAXCALTECA.

Uno de los temas favoritos de los que le gustaba hablar a Don Julio, recuerdo, era sobre lo que él llamaba la “Muralla de los tlaxcaltecas”, apunta, un día me dijo, para que no se te olvide, “En la Sierra Norte de Puebla y Tlaxcala, hay un lugar, donde te voy a llevar y vas a conocer, es el punto donde entró Hernán Cortes y fue recibido por los tlaxcaltecas para realizar la alianza, nadie quiere hablar de ello, pero yo sé bien donde se encuentra. Para no dejar, comencé a transcribir en la máquina mecánica o que había en una hoja escrita por su puño y letra, y que  ahora le encuentro sentido…

“En Ixtacamaxtitlán en 1519 gobernaba el señorío establecido en lo alto de la montaña Acolhua, el Rey Temamascuicuil, quien a la llegada de Hernán Cortés quien venía de Zempoala para dirigirse hacia Tlaxcala, lo invitó a disfrutar de su hospitalidad durante 3 días, en los cuales el conquistador acompañado de sus hombres, fue objeto de alojamiento, regalos y hasta indígenas que le fueron leales.

Hubo una batalla cerca de Quimichocan, los guerreros indígenas sorprendieron a los europeos con sus habilidades de lucha. Ahí se vieron por primera vez a los ojos los tlaxcaltecas y los españoles con Hernán Cortés a la cabeza, el 1ro de septiembre de 1519. Fue la primera Batalla, después sería en Tecoac, después en San Salvador Tzompantepec, donde los tlaxcaltecas tenían rodeado a Hernán Cortés, y salía el sol y los tlaxcaltecas se retiraron; porque le habían dado permiso el senado tlaxcalteca al joven Xicohténcatl, de combatirlos en la noche; los tenían rodeados ya; se habían hasta confesado los españoles; salió el sol y los tlaxcaltecas se retiraron; por eso Hernán Cortés le puso a Tzompantepec San Salvador, en el Cerro del Chichimecatehutli…” (Sic)

Estos apuntes los conservé, y aunque nunca conocí este lugar al que tanto anhelaba don Julio llevarme, siento que lo conozco por la clara descripción que hacía del lugar, ya que no fue una sola, sino muchas veces que me narró este pasaje de historia de la llegada de los españoles a territorio de los tlaxcaltecas, siempre me decía, para escribir sobre la historia, la tienes que conocer, desafortunadamente nunca pude ir, y así se pasaron los años, quizás quien haya conocido a don Julio y haya creído en sus historias, si fueron con él a conocer la “Muralla de los tlaxcaltecas”.

ESCRITOR E INVESTIGADOR INCANSABLE

El lugar predilecto de don Julio, era la Hemeroteca de la Biblioteca Central Miguel N. Lira, donde los encargados ya lo conocían, y no era extraño encontrarlo ahí, consultando los periódicos, sacando apuntes y algunas veces llevándose fotocopias de artículos que le interesaban para armar su colaboración periodística. Algunas ocasiones lo acompañé, y me interesé por investigar más sobre la historia de Tlaxcala, ya que según él, estaba todo distorsionado, los historiadores tienen “atole en su cerebro”, me decía al tiempo que se reía como un niño haciendo alguna travesura.

Ahí fue donde lo dejé de ver, el ritmo de vida que llevaba, un nuevo trabajo en la redacción de un diario de circulación regional me impidieron seguir con las interminables charlas con don Julio.

En el año 2018, fue cuando me enteré de su fallecimiento por una publicación en Facebook del maestro Rafael García Sánchez, donde comenté que don Julio Pérez Galindo, había sido mi maestro, sí, esa persona humilde, sencilla, pero de un gran corazón y memoria impresionante, ya que recordaba cada pasaje histórico que ya muchos que se dicen ser historiadores, no tienen, poco valorado en su momento y que ahora quienes los conocieron, lamentan no haberle dado el lugar que merecía en la historia de Tlaxcala.

Historiador viviente, periodista, investigador incansable y sobretodo un buen ser humano que ayudaba sin pedir nada a cambio, solo ser escuchado, quizás porque llevaba en la sangre el legado del primer periodista tlaxcalteca, Modesto González Galindo, su tío.

6 comentarios en «JULIO PÉREZ GALINDO»

  • Hola Ma. Isabel
    me emocionó ver este homenaje a Don Julio.
    tuve el gusto de conocerlo en el año 200 aproximadamente cuando precisamente en la Biblioteca central de Tlaxcala andaba yo investigando unos datos pues escribía una biografía en homenaje a mi abuela, y me escuchó preguntar por «Terrenate», se acercó a mi y me cuestiono porque preguntaba por su pueblo.
    resultó que me dio de «viva voz» la información que buscaba y además me topé con la sorpresa de que a él le gustaba mi abuela… desde ese día nos veíamos seguido y lo llegué a apreciar.

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    • Hola Rogelio Rivera López, me da gusto saludarte, y apreciar tu comentario, me gustaría platicar con usted, para que me platique más sobre su amistad con Don Julio Pérez, ya que estoy interesada en escribir una segunda parte sobre su vida y darla a conocer, ya que como usted bien lo señala, es todo un personaje, lástima que en vida nunca se le reconoció.
      Le comparto el correo donde puede enviarme sus datos y así poder contactarlo, ¡muchas gracias!
      ATTE. LCC. Ma. Isabel Gómez, directora de Tlaxcala Cultural
      tlaxcalacultural@gmail.com

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  • Que buena descripción de Don Julio P. Galindo, lo ví en algunas ocasiones en la SGHEL, pero no me atreví a platicar con él. Lo estoy conociendo por ésta bella narrativa. Gracias

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  • Hola Ma. Isabel.
    Hermoso artículo que presentas y me supongo que tu investigación al respecto lo será mucho más. Me interesa sobre manera la parte de la Muralla Tlaxcalteca y, en su caso, poder encontrar el sitio o algunos vestigios de ella. Estoy terminando de escribir un libro sobre Xicohtencatl y si puedo enriquecerlo con tus conocimientos y referencias me daría mucho gusto…

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    • Hola, gracias por su comentario y es un gusto saber que le agrado este reportaje en reconocimiento a Don Julio Pérez Galindo.
      sobre la Muralla tlaxcalteca, desafortunadamente no tuve la oportunidad de acompañar a a don Julio al lugar, pero en la SGHEL de tlaxcala, hay quienes si acudieron al lugar y conocen de viva voz de don julio sobre este lugar que se encuentra en Terrenate, sobretodo porque fue la puerta por donde llegaron los españoles a tierra tlaxcalteca, con gusto le comparto estainformacion, le doy el numero de celular de la Dirección de Tlaxcala Cultural 246 2580884

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