Acontecer Cultural

“ELLAS CURAN” RESISTENCIA CULTURAL

Este 22 de mayo de 2026 el cortometraje documental del tlaxcalteca Miguel Minor recibió el reconocimiento internacional en la ciudad de Espíritu Santo, Brasil en el marco de la convención del cambio climático TEA.

Yazmín Zárate Hernández*

El cine documental, cuando se asume con una profunda responsabilidad social, deja de ser un simple producto audiovisual y se convierte en una herramienta de resistencia cultural y de memoria histórica. Bajo esta premisa trabaja el cineasta tlaxcalteca Miguel Minor Serrano, quien este 22 de mayo de 2026 recibió un importante reconocimiento internacional en la ciudad de Espíritu Santo, Brasil.

El cortometraje del director Miguel Minor Serrano “Ellas curan” fue premiado como uno de los cinco ganadores del concurso «Tesoros vivos, memoria y territorios» del programa IberCultura Viva en el marco de la convención climática TEA, entre más de 70 producciones iberoamericanas, por su retrato íntimo y contundente de las mujeres curanderas de San Pablo del Monte.

La trayectoria de Miguel Minor en los medios audiovisuales y el cine está ligada intrínsecamente al territorio y a la creación colectiva. Su formación se ha consolidado en la trinchera del trabajo de campo, nutrida por su experiencia en proyectos de cultura comunitaria a nivel nacional y su participación en semilleros creativos. Esta inmersión le ha permitido forjar una metodología de registro participativo y documental donde la cámara actúa como un mediador ético y no como un agente invasivo.

El cine y el documental se construyen con las historias y con la memoria colectiva, el enfoque de Minor parte de la convivencia, del respeto a las prácticas culturales y de la construcción de un discurso artístico que les da a sus protagonistas.

En “Ellas curan”, el director desafía la estigmatización histórica que relegó a estas mujeres a la idea de “brujas”, resignificando sus saberes a través de sus propias voces. En esta entrevista, Minor habla de los retos del cine colaborativo, la falta de políticas públicas para el rescate patrimonial y el poder de la imagen para despertar la memoria y la empatía del espectador, mientras prepara nuevas investigaciones visuales sobre problemáticas climáticas como la contaminación del río Atoyac.

En exclusiva charla con Tlaxcala Cultural de este importante reconocimiento y su mirada en el cine.

Miguel, tu documental “Ellas curan” ha sido reconocido por IberCultura Viva. ¿Cómo es que recibes la noticia de que tu proyecto fue seleccionado entre decenas de producciones iberoamericanas?

-Estoy tratando de sentir orgullo por el trabajo que no solo se realiza para aplicar a ciertos concursos. Este trabajo se hace para varios formatos y propuestas. Que este proyecto haya sido seleccionado es un motivo de orgullo, ya que representa a Tlaxcala en otros lugares. Seguir trabajando para obtener resultados y estar preparados por si no se obtiene la victoria, así como continuar colaborando en proyectos, es decir, tener algo que mostrar.

¿Cómo nace la idea de documentar los saberes de las mujeres curanderas en San Pablo del Monte?

-A través de la invitación del abogado y activista Alfredo Tlatelpa, cuyas abuelas son las protagonistas del documental “Ellas curan”, de ahí viene la idea. En las sesiones de los talleres de medicina tradicional fuimos dando una organización comunitaria: repartimos los puestos de producción, observamos cómo se organizaban las mujeres y mi trabajo consistió en documentar y registrar los procesos.

Algo crucial de esta materia es que no es solo un evento, sino que es un proceso comunitario que se fue registrando y que al final tuvo una salida en una edición y dirección que propuse. El cortometraje tiene un discurso artístico. Dura siete minutos, es corto pero contundente y presenta una parte expresiva que retrata a una comunidad de Tlaxcala.

Tu documental tiene un enfoque muy cercano a la comunidad. ¿Cómo construiste la confianza con las mujeres protagonistas?

-El trabajo colaborativo es algo que prevalece en las comunidades; como director del documental, debes saber mediar; no puedes mover ciertas cosas y decisiones de producción de manera indiscriminada, porque tienes que respetar las prácticas culturales que se realizan en la comunidad. Tengo experiencia; hace un tiempo, participé en un proyecto de cultura comunitaria a nivel nacional, estuve en semilleros creativos y teníamos una metodología para hacer un registro comunitario. Esa experiencia me sirvió para realizar el documental participativo.

¿Qué decisiones éticas tomaste al representar prácticas que históricamente han sido estigmatizadas?

-Intentamos mostrarlo a través de la voz de sus protagonistas (ellas). Las protagonistas cuentan su historia y también contextualizan por qué las estigmatizaban. Si no lo hacemos, estaríamos perpetuando la revictimización. Cuidamos esa parte al contextualizar. Las prácticas de utilizar los saberes ancestrales para curar fueron desapareciendo con la llegada de los médicos a las comunidades. Comenzó a instaurarse la idea de modernización y, con ello, empezó a decaer el uso de las curaciones tradicionales, que se estigmatizaron —considerándolas brujas, con pactos con el mal y sujetas a otros argumentos que las fueron relegando—.

¿Cómo quitar la idea de que las mujeres fueron señaladas como “brujas” y hoy resignifican su conocimiento?

-Cuidamos la idea del montaje y mostramos la comunidad: qué hacen en su día a día y cómo viven. La historia narra ciertas vivencias; era importante escucharlas a “ellas”. Es como parte de ir contando la historia, no como un producto, sino como un discurso artístico y audiovisual. Al final se buscó la trascendencia de la historia y la tradición del trabajo de las curanderas.

¿Qué nos dice «Ellas curan» sobre la relación entre modernidad y saberes ancestrales?

-Paralelamente al documental, se llevaron a cabo una serie de talleres para transmitir a las mujeres jóvenes esas prácticas. El fin era ofrecerles la perspectiva del conocimiento de las abuelas y documentar la experiencia en el temazcal y la preparación de la comida tradicional en determinadas épocas del año. Nosotros estábamos ahí para llevar ese levantamiento de testimoniales; es un aspecto crucial que tiene este corto documental.

¿Consideras que el cine puede funcionar como una herramienta de resistencia cultural?

-Sí, es parte de la esencia del cine; el séptimo arte es un planteamiento ante la vida y, lejos de que sea entretenimiento, sí tiene que mantener esa idea firme de autor, protagonistas y la trascendencia de ese material. Cuando se pierde eso, es meramente adorno o decoración de una industria cultural; en eso se convierte ese discurso, porque no se comprometen con la realidad.

¿Cómo fue el proceso de rodaje dentro de la comunidad?

-Había días en los que se hacían los talleres de medicina y comida tradicional y se grababan los procesos, detallados, desde cómo se acomodaba la leña, los ingredientes, paisajes, imágenes generales, aspectos de la vida cotidiana y la preparación de los guisos. De acuerdo con nuestro plan de producción, en otro día y sesión se grabaron entrevistas y testimoniales para poder ajustar los tiempos. La grabación fue en varios momentos para tener un discurso que enriqueciera la vida cotidiana de nuestras protagonistas.

Cabe destacar que estos procesos forman parte de la evaluación de IberCultura Viva. Este organismo propone políticas públicas en Latinoamérica, y en particular en Brasil, donde la cultura comunitaria ha tenido históricamente gran auge. En otras palabras, buscan promover la inclusión del lenguaje y las costumbres de la cultura viva, la representación artística y una visión del mundo.

¿Qué retos enfrentaste al trabajar con un modelo de creación colectiva?

-Trabajé muy a gusto en el documental “Ellas curan”; la comunidad me acogió, la comunidad me cobija, eso es importante. Cuando haces una intervención y te sientes ajeno, muchos mexicanos llegan a la comunidad con una actitud de superioridad. Critican el contexto y los procesos de la comunidad. No entienden qué es la comunidad; llegan con una barrera. En mi participación no existió nunca una barrera; incluso todos nos sentábamos a comer en la misma mesa. De ahí habla mucho la relación con la producción; fue cercana, pero se cuidó la objetividad.

Se cuidaron las buenas prácticas de la relación comunitaria, se dialogó y se construyó un sentido de pertenencia con el pueblo.

¿Crees que este tipo de cine puede transformar la manera en que se perciben estos conocimientos?

-Indudablemente sí, es parte del objetivo. Tiene que haber una reivindicación para que sigan vigentes muchas cosas, pero faltarían muchos más aspectos para que se sigan conservando como parte de una política pública. Se crea una conciencia colectiva de una práctica, pero no hay un impacto real de una política pública; eso les corresponde a los gobiernos.

El desinterés de una generación por los saberes ancestrales es parte de un entramado político y social de un sistema económico capitalista que por un documental no va a cambiar. Es un intento, es una forma, es algo que sí va a mover ciertas fibras. Sin embargo, hay que ser realista y las decisiones las toman los gobernantes.

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

-Ahora tengo otros proyectos con la comunidad y trabajo en el registro y documento de la contaminación del río Atoyac y la afectación a la comunidad, a las personas que viven a la orilla del afluente. Mi trabajo está cargado de una responsabilidad social; hay artistas que la asumen y otros no, se quejan, pero no hacen nada.

¿Qué te gustaría que el público se lleve después de ver «Ellas Curan»?

-Una cierta empatía, que despierte sensibilidad del relato de las protagonistas. Pero lo que sí quisiera es que se llevaran una conexión con las historias de mujeres que curan con sus manos, cuidado y comida. Eso te recuerda a tus abuelitas, tu mamá. La comida espero que mueva en el espectador lo kinestésico; el sabor a la comida te remite a imágenes de tu infancia, un ser querido. Eso es lo que pretende decir. Intenta rescatar a través de un catálogo todas las prácticas ancestrales, lo cual es necesario. Sin embargo, tal vez sea un trabajo de la Secretaría de Cultura del Estado.

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