Hablando del libro
Por: Rosalia Nalleli Pérez Estrada
Leer a Han Kang es una experiencia que muchos amantes de la literatura deberían de hacer por lo menos una vez en su vida. Había oído hablar de ella por ser la primera mujer asiática en recibir el premio nobel de literatura en el año 2024, también que era de Corea del sur y que ya había recibido varias distinciones en años anteriores. Sin embargo, no había tenido el gusto de leerla pero siempre que escucho que alguien recibe un premio nobel me imagino a un erudito, sabio o ser inalcanzable recibiendo tal distinción; me alejo de la perfección sabiendo que, para lograr semejante galardón se requieren años de práctica, mucho conocimiento y demasiada dedicación y se despierta mi curiosidad. Eso es lo que pensé de ella, y al igual que he admirado a otros que han recibido un nobel, en esta ocasión ella se volvió el centro de mi admiración a la distancia y, como si la hubiese llamado con el pensamiento, tuve la suerte de que en mi último cumpleaños alguien pensara en que quizás debería yo de leerla y llegó a mis manos el libro de Imposible Decir Adiós. Descubrí en su escritura una historia llena de sorpresas, narrada en primera persona, donde se encarna a una escritora que vive sola, de edad avanzada, con muchas preguntas sobre su vida misma y sobre cómo trascender sin perderse en el olvido de su familia o en una sociedad siempre llena de prisa. Más adelante, describe su amistad con una fotógrafa, creadora de documentales y de cómo su amistad las lleva a vivir situaciones de apoyo, confianza y de compromiso mutuo.
La historia toma relevancia cuando la protagonista de la historia, poniendo en riesgo su vida, llega a Jeju, Corea del sur, con el objetivo de ayudar a su amiga fotógrafa a rescatar a su única compañía: su cotorrita. Después de una gran travesía casi imposible, y a punto de claudicar por sentir su vida en riesgo, llega a su destino y mil cosas le suceden. En esta parte, la fantasía, el peligro, la emoción, el miedo y la aventura la llevan a vivir un sinfín de momentos que hacen que el lector viva junto con la protagonista la aventura y la incertidumbre al adentrarse a la vida de su amiga, relatando la emoción de la verdadera amistad, a la vez que describe una masacre llevada a cabo en ese lugar de Corea, olvidado y fantasmagórico por todas las vidas robadas del siglo XX, por pensar diferente al régimen del momento y cómo las familias fueron separadas o completamente desaparecidas.
Una historia llena de amor, de soledad, de añoranzas compartidas y de amor filial producto de una educación informal, que a través de los años, solo queda en el recuerdo por decenas de periódicos o libros con imágenes que a través de notas y fotografías dan cuentan de la inocencia robada de miles y de la crueldad humana, durante y después de la Insurrección de Jeju o Masacre de la Isla de Jeju de Corea del Sur, como también se le conoce; una rebelión comunista, que se inició en abril de 1948 y hasta después de los años 50´s, donde reporta que murieron de treinta mil a sesenta mil personas como resultado de la represión por parte del Ejército de su área.
Una novela que combina la ficción y la no ficción a la vez, con una narración extraordinaria que atrapa de principio a fin al lector, valiéndose de esa carpintería secreta de la que hablaba Gabriel García Marquez cuando describía a la escritura de ficción como “un acto hipnótico, donde el escritor trata de hipnotizar al lector para que no piense en nada más que en el cuento o la historia que se le está contando y donde se requiere una gran cantidad de tornillos, y bisagras para que el lector no despierte entre párrafo y párrafo. En la escritura de Han Kang se logra una carpintería completa para que el lector no se salga de la historia, incluyendo elementos de realidad y de ficción, desarrollando la imaginación del que lee y escribiendo la novela no solo “para contar la vida”, como diría Mario Vargas Llosa, sino “para transformarla, añadiéndole algo”, y jugando al escritor y de cómo el “dueño del teatrillo de marionetas del parque, fabrica las marionetas. Algunas se parecen a alguien que conoció una vez, otras a nadie. Y luego va creando la acción a su antojo”.
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