Acontecer Cultural

MATACHINES DE SAN LUIS POTOSÍ: HERENCIA TLAXCALTECA

De los apaches de Tlaxcala a los matachines del norte de México, una tradición centenaria une a dos pueblos separados por cientos de kilómetros, pero conectados por la memoria, la fe y la identidad cultural.

Por: MIGM/Tlaxcala Cultural

La historia  está escrita en sus caminos, en sus migraciones y en las expresiones culturales que han sobrevivido al paso del tiempo. Una de ellas es la danza de los matachines —o matlachines, según la región—, una manifestación que hoy se mantiene viva en comunidades de San Luis Potosí y que, de acuerdo con investigadores, cronistas y portadores de tradición, tiene profundas raíces en Tlaxcala. Más que una danza, se trata de una herencia cultural que ha logrado trascender generaciones desde finales del siglo XVI, cuando cientos de familias tlaxcaltecas emprendieron un viaje hacia el norte de la Nueva España para participar en la pacificación y colonización de territorios habitados por diversos grupos chichimecas.

Hoy, esa historia vuelve a cobrar relevancia gracias a los esfuerzos de investigadores, cronistas y autoridades comunitarias que buscan rescatar las expresiones culturales que dieron origen a esta tradición. Mismos que participaron en un conversatorio “Los Matachines o Matlachines de Mexquitic de Carmona, San Luis Potosí, y los Apaches de Carnaval del Sur de Tlaxcala: Un estudio diacrónico que hermana”, actividad realizada en coordinación con el Museo de la Memoria.

El origen: las 400 familias tlaxcaltecas

El 6 de junio de 1591 partieron de Tlaxcala 400 familias indígenas que fueron enviadas por mandato virreinal hacia el norte del territorio novohispano. Su misión era colaborar en la pacificación de la región conocida como la Gran Chichimeca, escenario de conflictos que durante décadas enfrentaron a los pueblos originarios con las autoridades coloniales.

La cronista municipal de Mexquitic de Carmona, San Luis Potosí, Olga Miriam Ortiz Quístian, explica que estas familias llegaron a fundar diversos asentamientos, entre ellos San Miguel Mexquitic de la Nueva Tlaxcala Tepetipac del Reino de Nueva Galicia, cuya acta de fundación, fechada el 2 de noviembre de 1591, constituye una de las principales evidencias documentales de este origen.

La migración no sólo trasladó personas. También llevó consigo conocimientos agrícolas, sistemas de cultivo en terrazas, variedades de maguey para la producción de pulque, formas de organización comunitaria, gastronomía, tradiciones religiosas y expresiones artísticas que terminarían arraigándose en el norte del país.

Una huella cultural que llegó hasta el norte

José Victoriano Hernández Llanas, cronista, Historiador y Coordinador del Festival de danzas autóctonas de Mexquitic de Carmona, San Luis Potosí, destaca que la influencia tlaxcalteca se extendió por buena parte del norte de México. Las familias provenientes principalmente de Tepetipac se establecieron primero en puntos estratégicos de Zacatecas y posteriormente se dispersaron hacia comunidades como Mexquitic, Moctezuma y Venado, entre otras localidades donde aún persisten elementos culturales heredados de aquellos migrantes. «Muchos de los pueblos que hoy conforman nuestro territorio tienen una fuerte raíz tlaxcalteca», señala Hernández Llanas, quien considera que la influencia de Tlaxcala incluso alcanzó regiones más allá de las fronteras actuales de México.

Los apaches de Tlaxcala: una pieza olvidada de la historia

Mientras en San Luis Potosí la danza de los matachines se mantiene vigorosa y ampliamente reconocida, en Tlaxcala sobreviven vestigios de una expresión que podría representar uno de sus antecedentes más importantes: la danza de los apaches.

En comunidades como Santa Cruz Aquiahuac, municipio de Tetlatlahuca y San Damián Texoloc   aún es posible encontrar danzantes que conservan elementos característicos de esta tradición.

Israel Cervantes Fernández, presidente de comunidad de Santa Cruz Aquiahuac, busca impulsar acciones para rescatar esta manifestación cultural, al considerar que forma parte de un patrimonio histórico que merece ser preservado.

Uno de sus portadores es Carlos Pérez Pérez, quien desde hace tres décadas decidió abandonar el personaje de charro para adoptar la vestimenta de apache como una forma de resistencia cultural. Su atuendo incluye máscara negra grotesca, flequillo, capa, penacho con plumas y huaraches, elementos que muestran sorprendentes similitudes con la indumentaria utilizada por los matachines de Mexquitic de Carmona. «Lo hago para que no desaparezca esta danza. Me gustaría que fueran más las personas que la practiquen y que Tlaxcala vuelva a darle la importancia que merece», comenta.

El hallazgo de una conexión histórica

Jaime Castro Ramírez, investigador de enseñanza Superior por la Escuela Normal Urbana «Lic. Emilio Sánchez Piedras y asociado del Instituto de Investigación y Difusión de la Danza Mexicana A.C Delegación Tlaxcala, encontró una pista reveladora durante el Carnaval de San Damián Texoloc en 2015. Entre los participantes observó a un danzante cuya apariencia difería notablemente del resto. Tiempo después encontró otro personaje similar en Tenango. La experiencia le recordó inmediatamente a los matachines que había visto en Aguascalientes y otras regiones del norte del país.

Las coincidencias eran demasiadas para ser casualidad. Donde las máscaras grotescas, los tocados de plumas, los faldones adornados con carrizos y los flequillos presentes en algunos carnavales tlaxcaltecas parecían conservar rasgos de una tradición que se había transformado con el paso del tiempo.

Castro Ramírez sostiene que estos personajes representan un valioso vínculo con los antiguos matachines que acompañaron a los migrantes tlaxcaltecas hacia el norte.

Por ello, hizo un llamado a las autoridades de las comunidades de Texoloc y Tetlatlahuca a emprender acciones para rescatar y revalorizar estas expresiones culturales antes de que desaparezcan.

Matachines y matlachines: una misma tradición

Aunque los nombres varían según la región, tanto «matachines» como «matlachines» hacen referencia a una misma tradición. En el centro y sur de México predomina el término matachines, mientras que en el norte es más común escuchar la palabra matlachines.

La diferencia lingüística refleja la riqueza cultural de una expresión que ha sabido adaptarse a distintos contextos sin perder su esencia. Lo que permanece inalterable es su profundo significado religioso y comunitario.

Una danza que es memoria viva

En municipios potosinos como Mexquitic de Carmona, Moctezuma y Venado, la danza continúa transmitiéndose de generación en generación. Los jóvenes aprenden los pasos observando a sus padres y abuelos, sin necesidad de escuelas o academias especializadas. El conocimiento se comparte mediante la práctica y la convivencia comunitaria. Los sones son interpretados con violín y tambor, instrumentos que acompañan cada movimiento de los danzantes. Explicó Olga Miriam Ortiz Quístian.

Cada 29 de septiembre, durante la festividad de San Miguel Arcángel, más de un centenar de cuadros de danza participan en demostraciones que reúnen a cientos de personas. Actualmente, la tradición ha evolucionado y se ha vuelto más incluyente: además de hombres, participan mujeres, niñas y niños que encuentran en la danza una forma de fortalecer su identidad cultural. «Son relativamente jóvenes  y por sus venas corre sangre huachichil pero también tlaxcalteca, por lo que se les puede considerar memoria viva».

La danza de los matachines es mucho más que un espectáculo folclórico. En ella convergen elementos indígenas y cristianos que han coexistido durante siglos. Sus movimientos simbolizan la lucha entre el bien y el mal; sus vestimentas representan compromisos espirituales y su música funciona como un puente entre el mundo terrenal y lo sagrado. Cada paso ejecutado por los matachines constituye un acto de devoción, pero también una declaración de resistencia cultural.

Dos pueblos unidos por la historia

Más de cuatro siglos después de aquella migración de 1591, Tlaxcala y Mexquitic de Carmona continúan compartiendo una historia común. La danza de los matachines se ha convertido en un puente que une a ambas comunidades y recuerda que las tradiciones no conocen fronteras cuando están arraigadas en la memoria colectiva.

Mientras en San Luis Potosí los matachines siguen llenando plazas y templos con el sonido de violines y tambores, en Tlaxcala crece el interés por rescatar la danza de los apaches, considerada por algunos investigadores como una de las raíces de esta expresión cultural.

Porque en cada máscara, en cada penacho y en cada son interpretado por los matachines, permanece viva la huella de aquellos tlaxcaltecas que hace más de 430 años emprendieron el camino hacia el norte y dejaron sembrada una de las tradiciones más emblemáticas del México profundo.

Conclusiones

Irma Sánchez Pérez. Secretaria de organización del Comité Ejecutivo Nacional del Instituto de Investigación y Difusión de la Danza Mexicana A. C. , le entregó su reconocimiento a Olga Miriam Ortiz Quistian. Cronista oficial del H. Ayuntamiento Mexquitic de Carmona, San Luis Potosí.

Uno de los aspectos más significativos del Conversatorio, fue la reflexión sobre el posible reencuentro simbólico de tradiciones dancísticas hermanas, aquellas que florecieron en las comunidades fundadas por familias Tlaxcaltecas que migraron hacia el norte durante el siglo XVI y aquellas que permanecieron y evolucionaron en el antiguo Tlaxcallan. También permitió reconocer que la danza es mucho más que una expresión artística: es memoria, identidad, herencia y un puente que sigue uniendo a pueblos con raíces compartidas.

David Sánchez Rincón. Presidente Municipal de San Damián Texoloc con el investigador de la danza, Jaime Castro Ramírez.
Israel Cervantes Fernández. Presidente de comunidad de Santa Cruz Aquiahuac, Tetlatlahuca, con el danzante de Apache de este mismo municipio, Carlos Pérez Pérez.

Por lo que tanto, participantes y asistentes coincidieron en que “este diálogo continúe fortaleciendo la investigación, la difusión y la preservación de nuestras tradiciones, para que sigan vivas en las generaciones presentes y futuras”.

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