Arte y Cultura

ARMÁNDOME

Conferencia impartida por María José Gutiérrez Rubalcava, quien es madre y una mujer que ha aprendido a habitar la vida desde otro ritmo. Donde un accidente automovilístico cambió su historia para siempre. Hoy, lejos del discurso de “superación personal”, su testimonio habla de construcción, humanidad y sentido a la vida, con una plática íntima y cercana para reflexionar y mirarnos con ternura y darnos la oportunidad de estar rotos, de vivir sin explicaciones y de reconocer que cada uno se va armando a su manera.

María José, como se ha dado a conocer en sus pláticas, se presentó en la sala de juntas de la Sociedad de Geografía, Historia, Estadística y Literatura del estado de Tlaxcala, A. C. donde compartió como se fue armando pieza por pieza, aunque algunas dolieran y otras no terminaran de encajar del todo “ir armándose por la vida es algo que todos hacemos, aunque a veces no lo notamos, pegar piezas de lo que fuimos, de lo que somos y lo que soñamos ser, en el camino algunas piezas se pierden, otras cambian de forma y algunas simplemente no encajan”.

Desde los 17 años –dijo- “me sentía completa, lista para comerme al mundo, tenía un coche negro, un golf y cuando lo manejaba me sentía Juan Camaney, iba a la Prepa, tenia novio, estaba a punto de convertirme en tía por primera vez, algo que me emocionaba muchísimo estaba en teatro, tomaba clases de fotografía cuando me metía al cuarto oscuro a revelar fotos, ahí dentro sentía ese vértigo que algunos le llaman pasión, que da cuando sientes que todo se detiene al mismo tiempo que todo se acelera una sensación muy extraña de ver la vida congelada en fotografías al mismo tiempo que sentía que mi vida estaba por comenzar”.

Salía con mis amigas, volvía tarde a casa, en fin, veía el futuro como una gran avenida abierta, lo digo hoy con ternura porque esa María no tenía idea de que venía, vivía con los sueños intactos, no tenía idea que en cuestión de segundos la vida puede dar un giro que no tiene marcha atrás, y sin embargo esa María de 17 años, fue en realidad la primera pieza, la base la chispa la que algún día tendría que aprender a armarse de nuevo, pero con piezas nuevas y desde otro lugar.

UN ACCIDENTE CAMBIÓ SU VIDA

Un día, amaneció como cualquier otro, yo viajaba junto con mi familia rumbo a Mazatlán, venia acostada en el asiento de atrás junto con dos primas la camioneta iba tranquila el sol entraba por la ventana, venía escuchando y tarareando un canción de coldplay, “In My Place, In My Place …” recuerdo el asiento reclinado, el aire fresco del aire acondicionado, el jugo verde que no me termine en el desayuno, llena de ilusión por la llegada de mi sobrina, con esa sensación de estar a punto de llegar a un lugar bonito y de repente, ese segundo eterno, un tráiler, un volantazo, el grito ahogado de mi papá, ¡aguas mijo!…

El silencio, el golpe, todos salieron de la camioneta menos yo, quise moverme y no pude, quise gritar y apenas si me salió un susurro, ayúdame papá, no puedo moverme, no siento nada, y ahí me entró el miedo, no el miedo normal que sientes cuando algo va a salir mal, sino ese otro que se te mete en los huesos, ese que no tiene nombre, ese que sabe antes que tú que algo cambió para siempre.

Lesión medular, ni siquiera sabía lo que eso significaba, nadie me lo dijo, ni los doctores ni mi familia, ni mi cuerpo, no sabía que mi cuerpo se había partido en dos, solo sabía que mis brazos y mis piernas no me respondían, que el mundo tal como lo conocía se había detenido, y pensé en el cuarto oscuro donde solía revelar mis fotos, ahí también todo se detenía, solo que ahí era distinto, ahí era yo quien apagaba la luz, quien elegía la pausa, ahí el silencio tenia magia, aquí el silencio dolía, ahí era una oscuridad para revelar una mis fotos, aquí era una oscuridad para revelar una imagen de mi vida, que yo no quería ver.

No fue un de aquí en adelante todo será distinto, fue más bien un ya nada es como lo fue hace cinco minutos, y el vacío. Ese vacío que no hay palabras que lo puedan explicar, es como si el cuerpo lo supiera antes que la mente, es una sensación que no puedes explicar con palabras, solo se puede sentir, después de eso, vino de todo, las cirugías, la traqueotomía, las terapias, la incertidumbre y sin embargo, no vino la noticia, no hubo un momento que alguien me dijera con claridad, ya no vas a volver a caminar, fue más bien, un silencio largo, una ausencia de respuestas, una serie de miradas que dicen más que las palabras, yo preguntaba ¿esto cuánto va a durar?, ¿cuándo voy a volver a pararme?, y los doctores hacen esa cara que no quieres ver, ese gesto de quien no sabe cómo terminar las frases, y así, pasaron los días, las semanas, los meses y yo seguía esperando, esperando que alguien dijera algo distinto, que el milagro llegara desde Cuba, desde un nuevo tratamiento, desde un curandero, desde donde fuera, porque siempre había alguien que decía, tu ve, allá si te van a ayudar, allá si va a funcionar, y yo iba, con la maleta llena de esperanza pero con el alma cada vez más cansada.

Hasta que un día ya no, ya no quise ir a ningún lado, ya no quise buscar, ya no quise espera, ese día empecé a ir con lo que hay, con lo que soy, no como un milagro, sino como una decisión y ya no necesito que suene la música, a veces de la nada me sorprendo tarareando In My Place, In My Place… solo que ahora no espero estar en otro lugar, elijo quedarme aquí en mi lugar estoy donde tengo que estar, no porque yo lo haya elegido del todo si porque he decidido qué hacer con lo que me tocó. Y cuando sorteé esto, me liberé, porque si la cárcel estaba en mi mente, también la llave había estado todo ese tiempo en mis manos…

ESTOY DONDE TENGO QUE ESTAR

Me encontré con el amor, no el amor de película, el amor real, el de mis papás, que nunca se quebraron, aunque sé que muchas veces quisieron hacerlo, el de mis hermanos que nunca me soltaron, el de mamá grande, mi abuelita, que siempre estuvo ahí para mí, el de mis tíos y tías, que también se subieron a este barco, el de mis primas, primos, amigas y amigos que se convirtieron en hermanas y hermanos, y que me han empujado literalmente hacia mis sueños, y sí, también el amor de pareja que no llegó para rescatarme, sino para caminar conmigo, rodar a mi lado, sin importar el terreno, ese amor me dio dos hijas, y las hijas me dieron sentido, me cambiaron el cuerpo , la cabeza, la rutina, pero sobretodo me cambiaron la forma de mirar, porque si al principio de esta historia yo me metía al cuarto oscuro para revelar fotos, ahora entiendo que sigo revelando pero no imágenes sino sentidos, respuestas, versiones de mí que no sabía que estaban ahí, reveló a la María que estaba desde antes del accidente, la que sentía libre la que reía fuerte, la que soñaba solo que ahora vive más lento, más consciente, irónicamente más completa.

Durante muchos años viví con una pregunta pegada a la piel ¿Por qué yo?, ¿Por qué ese día?, ¿Por qué ese tráiler?, ¿Por qué mi cuerpo?, ¿Por qué a mí?  Y mucha gente, con la mejor intensión trataban de darme respuestas: -todo pasa por algo, Dios le manda sus peores batallas a sus mejores guerreros, tienes una misión-… pero a mí esas frases no me calmaban , al contrario, me hacían sentir más perdida, era como si además de sanar, adaptarme, de reconstruirme, tuviera que encontrarle un sentido a lo que me pasó y un día, sin planearlo, solté la pregunta, no porque halle la respuesta, sino porque ya no la necesitaba, entendí que no todo en la vida tiene que tener un porqué, a veces, lo que nos hace falta es un ¿Para qué?, para que sigo viva, para que me levanto, para que sonrío, y ese para qué no tiene que ser heroico ni trascendental no impresionante, a veces es tan simple como para que tengo brazos, para abrazar, y abrazar no siempre es literal, a veces es mirar con ternura escuchar sin prisa reír aunque duela otras veces es tan simple como estar, acompañar, sostener con la mirada lo que el cuerpo no alcanza.

Durante muchos años pensé que mi historia tenía que tener un gran propósito que lo que me pasó tenía que convertirse en algo extraordinario para que valiera la pena y me constó entender que no, que vivir ya es bastante, que a veces el sentido no se busca, se construye y se reconstruye en lo más sencillo como hacer la tarea con mis hijas, jugar con ellas, planear un viaje, reír con mi esposo, escuchar una canción en medio del tráfico, decir te quiero sin motivo, el para qué no siempre viene con aplausos, a veces viene de una voz bajita que te dice al oído -esto también cuenta, esto también es vivir-, porque si algo he aprendido en la vida es que la vida no necesita ser explicada, necesita ser vivida y no hay historia más fuerte o más inspiradora que otra, todos estamos pasando por algo todo el tiempo y todos en algún momento nos rompemos, todos tenemos derecho a vivir una vida digna, caótica, plena, pero sin tener que explicarla.

Después del accidente, una de las sensaciones que más tardé en desechar fue la de sentirme en deuda con la vida, era como si estuviera que estar agradecida todo el tiempo, como si no tuviera derecho a quejarme, porque claro había sobrevivido, porque otros la tienen peor, porque sigo viva por algo y cuando me sentía triste aparecían las frases: ¡Échale ganas! ¡Tú puedes con esto! ¡Eres muy fuerte! ¡Eres una guerrera! Y yo lo tomaba y lo agradecía aunque por dentro pensara  y si hoy no tengo ganas de echarle ganas, y si ya no quiero ser una guerrera, a veces el optimismo cansa, cansa porque se siente como una exigencia más, como si además de sanar de adaptarte, de reconstruirte, tenías que inspirar, pero no, no quería inspirar, quería simplemente poder estar mal sin tener que justificarlo, que alguien me dijera, está bien que te duela, está bien que estés enojada, porque no todo tiene sentido no todo pasa por algo a veces las cosas simplemente pasan y eso no me hace menos fuerte, me hace humana.

Creo que en las pasiones, ya di la pasión a la vida, aprendí que no todo el dolor se cura con actitud a veces lo único que nos hace falta es espacio, espacio para sentir, para llorar para no tener respuestas, también aprendí a respetar el silencio de los otros, a no tener que llenar todo con frases hechas a no suponer que hay algo que decir cuando alguien está roto porque no siempre se trata de tener las palabras correctas a veces basta con estar, con acompañar, con sostener con mirar al otro sin tratar de arreglarlo.

ENTRÓ LA LUZ

Cuando llegó Julia, mi primera hija, algo explotó dentro de mí, no fue como una explosión de juegos artificiales, fue más bien como una grieta que se abrió y dejo entrar la luz, el embarazo me dio miedo, mucho miedo, y no tanto por el cuerpo que ya conocía sus límites, sino por las preguntas que me taladraban por dentro y si no soy suficiente y si no puedo cargarla, cambiarla, cuidarla como se merece y sin embargo, ahí estaba la vida creciendo dentro de mí y por primera vez, no me pregunté porque me pasó esto, sino que puedo hacer con esto.

No fue un cambio inmediato ni perfecto, hubo días de culpas de miedos, de cansancio, de sentirme chiquita, de no saber ser mamá desde una silla, pero también hubo risas muchas, descubrimientos, manitas que me tocaban la cara y así sin darme cuenta, empecé a hacer algo que casi no había hecho antes, agradecer, agradecerle a mi cuerpo  no por lo que le faltaba sino por  todo lo que aun podía hacer por sostenerme, por sentir por ser nido, por dar vida y luego, vino Maya, mi segunda hija y el amor se multiplicó y con ellas aprendí que no vine a esta vida a sobrevivirla, vine a vivirla a mi ritmo, a mi modo desde mi cuerpo con mis propias reglas y es ese tipo de fuerza que quiero enseñarles a mis hijas no la que se mide en músculos ni en medallas, sino en amor propio en la capacidad de decir esto es lo que hay y es suficiente, a lo largo de esta plática he mencionado que la vida cambia, que duele, que a veces cansa , he hablado de perder  de buscar, de encontrar de reconstruirse , pero si hay algo que me gustaría que hoy se llevaran es esto:

“Que siempre hay algo más, una canción que no habías escuchado, a una persona que aún no conoces, un lugar al que nos has ido, una versión de ti, que está esperando a salir cuando te dejes de juzgar, yo encontré una nueva forma de moverme en la vida, sin prisas ni permiso sin poder moverme, pero sin tener que demostrar nada, volar no siempre es despegarse del suelo, a veces volar es soltar, soltar lo que no fue lo que ya no está lo que me hacía daño”.

NO ES UNA HISTORIA DE SUPERACIÓN

Esta no es una historia de superación, es una historia de construcción, de reconstrucción, de irme armándome pieza por pieza, sin saber bien que figura va a salir, pero sabiendo que cada pieza importa, y si, a veces me sigo rompiendo solo que ahora sé que puedo volver a empezar, porque créanme yo creí que el mundo se iba a detener que me iba a esperar a que yo volverá a estar bien , pero no, nunca se detuvo entendí que sin importar lo que pase, la vida sigue, la vida no espera y con el paso del tiempo aquí estoy frente a ustedes, compartiendo algo que jamás pensé que pudiera compartir de esta manera a veces creemos que tenemos todo resuelto a los 17 , a los 18, 19, o la edad que sea pero la vida no se trata de armarla perfecto sino de ir armándola pieza a la vez.

Para contactar a María José, para una plática en instituciones educativas, organizaciones sin fines de lucro, puede enviar mensaje vía WhatsApp 4491269034

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