Acontecer Cultural

CRÓNICA LAS VOCES DEL 8M EN TLAXCALA

Yazmín Zárate Hernández

Desde la madrugada del domingo, la ciudad de Tlaxcala empezó a transformarse. A las cuatro de la mañana, en medio del silencio de las calles, grupos de colectivos de mujeres artistas comenzaron la jornada pintando murales en varios puntos del centro. Con brochas, rodillos y pintura morada los muros se convirtieron en lienzos donde quedaron plasmados nombres, símbolos y consignas que recordaban la lucha contra la violencia de género.

Pasadas las horas, alrededor de las nueve de la mañana, grupos de mujeres se congregaron en la antimonumenta ubicada en la ciudad. Allí hicieron una ofrenda y un círculo de canto. Entre veladoras, flores y pañuelos morados, las asistentes vivieron un momento de memoria y reflexión para las mujeres que ya no están y para quienes siguen sufriendo diferentes tipos de violencia.

Lentamente, la jornada fue avanzando hacia el momento clave del día. A las dos de la tarde empezó a reunirse un grupo de mujeres en la asta de bandera de la ciudad capital, ubicada cerca del monumento a la Virgen. Poco a poco, las pancartas, las mantas, los carteles con mensajes de denuncia, de exigencia de justicia, fueron llenando el espacio. Las asistentes iban mayormente en playeras y pañuelos violeta, el color de la lucha feminista. Muchas vinieron con bebés, niñas, hijos, tías y abuelas a cuestas, mostrando que la movilización no fue sólo una protesta, sino también un acto colectivo de memoria, de solidaridad y de exigencia.


Bajo las consignas y en los escritos de los carteles, se repetía una preocupación común: la seguridad y la paz de las mujeres. Las manifestantes recordaban que la violencia de género es aún una realidad persistente.
Según la estadística más reciente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía sobre violencia contra las mujeres, correspondiente al año 2021, siete de cada diez mujeres en Tlaxcala han vivido una situación de violencia en su vida. Estas agresiones pueden ocurrir en muchos espacios: en el hogar, en la escuela, en el trabajo, en las instituciones públicas, en parques, en el transporte público, en iglesias o en cualquier otro espacio de convivencia cotidiana.

A las tres y cuarenta y cinco de la tarde la marcha rompió el silencio de la ciudad. Desde la avenida Independencia y el boulevard Guillermo Valle, el contingente inició su marcha rumbo al centro histórico y al zócalo de la capital. La marcha avanzaba al ritmo de consignas y cantos que retumbaban por las calles:
“Señor, señora, no sea indiferente, están matando mujeres delante de la gente”.
Las voces eran cada vez más numerosas a medida que más mujeres se incorporaban a la marcha. Algunas portaban fotos de familiares desaparecidas, otras levantaban carteles con los nombres de víctimas de feminicidio. Los tambores, silbatos y aplausos acompañaban al contingente que avanzaba unido por la misma demanda: justicia y vida libre de violencia.


A las cuatro y veinte de la tarde, los contingentes llegaron al zócalo de la ciudad de Tlaxcala. Allí, las manifestantes hicieron un pase de lista simbólico para recordar mujeres desaparecidas, asesinadas o víctimas de feminicidio. A cada nombre pronunciado seguía una respuesta colectiva: “¡Aquí estoy!”. De entre los edificios históricos que rodean la plaza venía el eco de las voces.


Unos minutos después, cerca de las 4:40, se abrió el micrófono para que varias mujeres compartieran sus testimonios y experiencias. Algunas contaban historias de violencia doméstica, otras denunciaban el acoso o abuso en los espacios laborales o escolares. El micrófono se volvió un espacio de catarsis, de denuncia y de acompañamiento colectivo.


No obstante, cerca de las cinco de la tarde, un grupo de manifestantes encapuchadas llegó al lugar y empezó a realizar pintas y daños en las paredes del antiguo edificio del Palacio de Gobierno de Tlaxcala y en el inmueble del Poder Judicial. Los muros fueron intervenidos con pintura en aerosol y fuego, como una forma de protesta contra las instituciones que consideran omisas ante la violencia de género.


Otras manifestantes se mantenían al mismo tiempo en las vallas que custodiaban el palacio de gobierno. Con patadas, palmadas y cánticos, el muro metálico se convirtió en un lugar de expresión colectiva. Sobre él empezaron a aparecer nombres y denuncias de deudores alimentarios, acosadores y presuntos agresores. La barrera, construida para proteger el edificio, se convirtió en un lienzo para escribir historias de injusticia.
En medio de la manifestación ocurrió un hecho que llamó especialmente la atención. Un hombre acudió a la concentración con su actual pareja. Las manos tenían atadas, y en la espalda se pintó una leyenda: “Me callo para que ellas hablen”. Algunas manifestantes se preguntaban por qué estaba allí, hasta que, entre la multitud, se encontró cara a cara con su expareja y madre de su hijo.

La mujer lo encaró en público, señalándolo como deudor de pensión alimentaria. El hecho provocó un sentimiento de indignación entre las asistentes, que comenzaron a corear: “¡Fuera, fuera!”. El hombre, en medio de las miradas y los reclamos, se quedó unos momentos en silencio. Por último, visiblemente incómodo y con la mirada agachada, decidió abandonar la manifestación junto a su pareja.

A eso de las seis de la tarde empezó a declinar la jornada. El parque quedó más oscuro luego de que el Ayuntamiento capitalino retiró las luminarias, dejando un ambiente distinto al de unas horas antes. Las manifestantes comenzaron a retirarse.


De acuerdo con reportes de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Tlaxcala, la movilización terminó sin incidentes mayores y con saldo blanco.


Así terminó una jornada que, más allá de las consignas o las pintas en los muros, dejó en claro que las mujeres de Tlaxcala siguen ocupando el espacio público para exigir justicia, memoria y vida libre de violencia. Sus voces, que retumbaban por las calles de la ciudad, fueron un recordatorio de que la lucha sigue viva y que el silencio ya no es una opción.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *