CARTA A ROSARIO CASTELLANOS
Admirada Rosario Castellanos:
Ha pasado más de medio siglo de tu memorable discurso: «La abnegación: una virtud loca», en el marco de la conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Tu voz, en el 2026, resuena y tiene eco. Hoy la lucha de la mujer sigue; hemos avanzado, pero aún nos falta para alcanzar la equidad de la que tanto hablaste.
La mujer en México ha ganado terreno en distintos ámbitos; hoy tenemos por primera vez una presidenta en el país, lo impensable para tu tiempo. Al paso de los años hemos logrado ocupar espacios en la vida pública, social, científica, económica, cultural, bajo una nueva óptica.
La educación ha sido la vía de emancipación. Históricamente, somos el 52 por ciento de la representación del voto en el padrón electoral. Podemos votar y ser votadas. Seguramente podría haber sido diputada o senadora y nos representarías en la toma de decisiones para mejorar las condiciones de las mujeres.
Tu libro, “Mujer que sabe latín”, es un referente en lo académico, social y educativo. Hoy los estudiantes pueden leer en las páginas que la desigualdad y discriminación para el conocimiento y la educación de las mujeres ha sido históricamente relegada, como parte de la construcción social.
Hoy, gracias a tu legado y a las ideas que nos heredaste en tu narrativa, tu poesía y tu trabajo periodístico y académico, al denunciar la desigualdad de género y la lucha social, resuena que tres de cada diez profesionistas son mujeres.
Ellas liderarán investigaciones y contribuirán a la vida económica y social de nuestro país. No obstante, la brecha salarial persiste y también el no reconocimiento de la carga invisible del cuidado.
Tu pensamiento feminista no fue estridente, fue firme. No planteaste ser equiparable a los hombres que, a tu parecer, dominan desde la frustración. Soñaste con desenmascarar la trampa social que educa a las mujeres para servir y cuidar, reduciendo sus capacidades para después culparlas.
El mito del amor romántico se desvaneció; la maternidad y la abnegación no son virtudes, sino roles impuestos por los estereotipos sociales. Medio siglo después, continuamos en la desmitificación; ahora la violencia psicológica tiene nombre: política, psicológica, económica, simbólica y digital. El patriarcado persiste y la desigualdad estructural.
Tu obra nos dio un reflejo de identidad indígena y femenina; bordaste una doble crítica: de género y de poder. Comprendiste que no existe una única opresión, sino muchas que se entrecruzan.
Hoy hablamos de interseccionalidad; tú ya lo sospechabas cuando veías el mundo desde Chiapas, desde la historia colonial, desde la experiencia situada de las mujeres que cargan con muchos silencios.
Aplaudo tu ironía en tus textos; el mundo es testigo de la historia y del tiempo. Admiro tu capacidad de crítica en momentos impensables. Nos planteaste que pensar es un acto político y que la letra puede ser un espacio de libertad.
Te alegraría saber que hoy la segunda Universidad Nacional lleva tu nombre, Universidad Nacional Rosario Castellanos, con presencia en 15 estados, una en Tlaxcala, desde donde te escribo. Se imparten de manera gratuita licenciaturas, maestrías y doctorados.
Pero también te preocupará saber que la violencia está más arraigada que nunca. Mundialmente, México ocupa el cuarto lugar; estadísticamente, mueren tres mujeres en nuestro país, aunado a la precarización laboral. El tiempo no perdona, y seguimos luchando por tus ideales feministas.
Estamos próximos a conmemorar el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, una fecha para recordar las luchas históricas, el voto, los derechos laborales, sexuales y reproductivos. En las aulas, los docentes fomentamos un diálogo de tu obra con los estudiantes, invitando a cuestionar su realidad y contexto.
Mi admirada Rosario, tu legado es vigente y actual a más de cinco décadas de tu partida; tu voz nos guía en el presente. Nos recuerda que la igualdad no es concesión, que la libertad no se hereda, se construye, y que la escritura es un acto de resistencia.
¡Con admiración!
Yazmín Zárate Hernàandez
Periodista

