Raíces de la Cultura Popular

TLAXCALA: 500 AÑOS DE HISTORIA VIVA

A propósito de la polémica que últimamente se ha desatado a nivel local y nacional… donde la comunicadora y escritora Sabina Berman utilizó el gentilicio «tlaxcalteca» de forma descalificativa en una analogía política… Guadalupe Alemán Ramírez, nos comparte un texto que escribió con motivo del cumpleaños de la ciudad de Tlaxcala.

TLAXCALA: 500 AÑOS DE HISTORIA VIVA

Hoy, 3 de octubre de 2025, la histórica y cultural ciudad de Tlaxcala conmemora 500 años desde su erección como ciudad en 1525. Esta efeméride no solo marca el paso del tiempo, sino que invita a la reflexión profunda sobre una trayectoria que ha moldeado el rostro de México. ¡FUERZA TLAXCALA!

La ciudad, con su cielo que a veces se tiñe de intensos colores rojizos, posee un carácter mutable y profundo, bien capturado por el poeta Miguel N. Lira, quien supo ver en su atmósfera un reflejo del alma tlaxcalteca: “Como me duele el silencio tranquilo azul de las nubes, Tlaxcala como me dueles con tus silencios azules”. Un paisaje que es metáfora de una historia compleja, a veces serena, a veces tempestuosa.

En esta histórica urbe han ocurrido acontecimientos de trascendencia global. El siglo XVI, específicamente el momento de su fundación legal como ciudad, la convirtió en testigo y protagonista del inicio de la expansión de Europa sobre el continente americano, uno de los hechos más grandes y transformadores de la humanidad. Este proceso, comúnmente denominado «conquista», abarcó la violenta lucha armada que sometió a los pueblos originarios y la subsiguiente «conquista espiritual» —la conversión al cristianismo— que insertó a los naturales de América en los patrones de la cultura occidental. Ambas dinámicas trajeron consigo la imposición de instituciones económicas y políticas que transformaron radicalmente la realidad de las comunidades indígenas.

La narrativa histórica tradicional ha frecuentemente oscurecido la complejidad de la actuación tlaxcalteca. Como señala el ensayista Daniel Montañez Pico, “El mito que presenta a los tlaxcaltecas como traidores oscurece un aspecto fundamental de su historia colonial; se trató de uno de los pueblos indígenas que mejor supieron aprender y utilizar en su favor los códigos sociales y lógicas jurídicas y políticas de los conquistadores castellanos”.

La leyenda de los «tlaxcaltecas traidores» es, en gran medida, una construcción ideológica del siglo XIX, fomentada por los historiadores de la época en su esfuerzo por conformar la «nación mexicana» bajo un relato centralizado. En el contexto del siglo XVI, la noción de traición es anacrónica. Los tlaxcaltecas, enemigos acérrimos de los mexicas, enfrentaron a los españoles inicialmente, y tras ser derrotados, vieron en la alianza con los recién llegados la oportunidad estratégica de liberarse del yugo y la opresión mexica. Desde su perspectiva, nunca hubo traición, sino una alianza política pragmática y vital para su supervivencia y autonomía.

A 500 años de su fundación, Tlaxcala se erige como un recordatorio vivo de que la historia no es monolítica, sino un tapiz de complejas decisiones, alianzas y resistencias que merecen ser entendidas en su propio contexto histórico.

TLAXCALA: CIUDAD DE HISTORIA FECUNDA

Tlaxcala, ciudad de historia fecunda, no claudicó ante arremetidas ni conspiraciones constantes. Ha comprendido y ha transitado conjuntamente con quienes la amamos, y ha levantado la cabeza, sabedora y orgullosa de su pasado y su presente. Su trayectoria es un testimonio de resiliencia y adaptación, un crisol donde se forjó una identidad única en el mosaico cultural de México.

La llegada de los conquistadores españoles marcó un punto de inflexión radical en esta historia. La transformación no fue solo militar, sino que permeó las estructuras más profundas de la sociedad tlaxcalteca, como bien señala la historiadora Alejandra Moreno Toscano:

«…la conquista espiritual forma parte integrante del proceso de dominación colonial del siglo XVI. En varios sentidos fue mucho más radical y violenta ésta, que la conquista militar. Los conquistadores militares mantuvieron, con algunas modificaciones, ciertas estructuras sociales y de poder autóctonas, como el calpulli, el tributo y ciertas formas colectivas de prestación de servicios personales. En cambio, para construir el cristianismo los conquistadores espirituales, los misioneros; se esforzaron en destruir cualquier pervivencia de la concepción del mundo prehispánico. Destruyeron las bases de todas las relaciones espirituales en un mundo que descansaba fundamentalmente sobre una concepción religiosa de la vida. Con ello se aseguraba su occidentalización; así se inició el proceso de desaparición de las antiguas culturas.»

Esta dualidad entre la persistencia de ciertas estructuras y la erradicación de la cosmovisión prehispánica define el complejo inicio de la Tlaxcala colonial. El encuentro (y desencuentro) de dos mundos dejó una huella indeleble que configura el ser de la ciudad actual.

Actualmente, es conveniente revisar nuestro pasado con objetividad y lucidez crítica. Es necesario entender nuestra identidad cultural con claridad, revisando nuestros orígenes fundacionales. Los pueblos suelen volver la mirada a los acontecimientos fundantes y significativos de su historia para comprender su identidad, asumir objetivamente su pasado y proyectar hacia nuevos rumbos su porvenir. La historia no es solo la transformación de los sucesos, sino que es el tiempo de la asimilación, de la certeza y debe ser el panorama del futuro de un pueblo para trascender.

TLAXCALA: LA MUSA ENAMORADA

«Abundan razones para quererte, Tlaxcala. En tus calles he encontrado mi sentido de identidad y en tus bancas he escrito mi historia personal, valorando el simple hecho de sentarme a escuchar tus silencios azules… Acepta mi cordial y efusivo feliz cumpleaños, ciudad de mis ensueños.»

Acostumbrada desde épocas prehispánicas a ser retratada en antiguos códices, en poemas, con firmas caligráficas, en postales sin tiempo, en paisajes cinematográficos y en los versos inmortales de Miguel N. Lira, la ciudad de Tlaxcala parece dejar atrás sus años de olvido para mostrarnos, hoy más que nunca, su rostro de musa enamorada.

Su imagen, capturada en estas páginas, trasciende lo cotidiano, superando la crueldad o la intrascendencia del día a día. Esta vez, la «niña Tlaxcala» nos permite vislumbrar el interior de sus venas, por las que corre la savia del amor y la fragilidad de la nostalgia.

El propósito de este texto es transmitirles, a través de la historia y la memoria, los sublimes sentimientos que esta noble ciudad guarda en su corazón, donde cada latido se convierte en el rumor eterno del río Zahuapan, testigo silente de nuestro pasado y presente.

Guadalupe Alemán Ramírez

Histórica y cultural ciudad de Tlaxcala, 3 de octubre 2025

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