FALLIDA REPRESENTACIÓN ESCÉNICA (PARTE 3)
Las raíces de la cultura popular en Tlaxcala se profundizan más allá de la Conquista
Es contundente Alejandra Moreno Toscano al afirmar que:
…La conquista espiritual fue mucho más radical y violenta, que la conquista militar […] para construir el cristianismo los conquistadores y los frailes se esforzaron en destruir cualquier pervivencia de la concepción del mundo prehispánico” (1).
Y a pesar de lo doloroso que fue la fusión de dos culturas; en los ensayos sobre el arte y la cultura en Tlaxcala del siglo XVI al XX; que poco a poco iré compartiendo; destacó la perseverancia del pueblo tlaxcalteca en el siglo XVI; su talento y capacidad para las artes, está más allá de cualquier duda, la sorprendente velocidad con que los conocimientos eran asimilados y dominados por los indígenas, no hubiese sido posible, si ellos no contaran, antes de la llegada de los españoles, con una fuerte y bien cimentada cultura.
Tlaxcala 1585, fallida representación escénica con motivo de la llegada de don Álvaro Manrique de Zúñiga, marqués de Villa Manrique
Destaco como antecedente de este texto, un fragmento del artículo de Juan Chiva Beltrán, (Universidad Jaume I. Castellón) El ocaso de un ceremonial: Las últimas entradas virreinales de la Nueva España (2).
“Arte y poder son dos esferas que históricamente tienen gran relación ya desde la Edad Antigua, cosa reflejada ampliamente en el arte permanente pero también en las ceremonias celebradas en honor de personajes poderosos, así como en el arte efímero que para las mismas se prepara. Entre todas estas ceremonias destacan las entradas triunfales, donde un personaje de gran importancia ingresa en una ciudad, para lo cual todo el aparato ceremonial y artístico de la misma se vuelca al servicio del lujo y el engalanamiento. […]
Introducción histórica.
Roma. Esta tipología ceremonial nace en la antigua Roma, donde se celebraron los triumphus. En ellos un general victorioso cruzaba la ciudad desde el Campo de Marte al Templo de Júpiter Capitolino, con gran simbolismo al recorrer la Vía Sacra rodeado de un triunfal desfile en el que le acompañaban el Senado, magistrados, equites (3), animales sagrados, flautistas, las tropas, etcétera. Además, se cruzaban varios arcos de triunfo hechos con maderas, elementos vegetales o efímeros. […]
Edad media. Por su parte los recibimientos medievales serían más bien una «rudimentaria bienvenida» en palabras de Roy Strong (4), en que un monarca o príncipe se emposesionaba real o simbólicamente de una ciudad, con un referente claro en la entrada de Jesucristo en Jerusalén. Se trataba de un marcado y sencillo ritual: recibimiento de las autoridades extramuros, traspaso de las robustas murallas por una de sus puertas, juramento mutuo de acatar y defender derechos y privilegios, entrega de las llaves de la ciudad, recibimiento del palio y recorrido por las principales calles en medio de grandes espectáculos como torneos, cantos de juglares, etcétera. Más tarde se producía la llegada a la Catedral para las ceremonias y oficios marcados por el ritual romano y acompañamiento del poderoso hasta su residencia.
Renacimiento. En el Renacimiento se va a producir por fin el surgimiento de la entrada triunfal en su modelo moderno. Los dos focos principales serán Italia y Flandes y el esquema definitivo se fijará con los viajes triunfales de Carlos V, el mismo que durará al menos hasta el siglo XIX, y que es una mixtura de elementos medievales y clásicos. Este esquema responde ceremonialmente a un recibimiento extramuros, desfile triunfal por la ciudad y culminación en la Catedral. Del lado artístico se observa un gran auge del arte efímero, en arcos triunfales, retratos o esculturas.
La fiesta barroca será la más apoteósica, con enormes niveles de opulencia y recargamiento de los elementos artísticos, rendida a favorecer intereses políticos. Por ello se centralizará casi en su totalidad en la figura del monarca absoluto.
El esquema novohispano de entrada virreinal. Este modelo de entrada triunfal se difunde por Europa con el Renacimiento y con la conquista llegará también a América, aunque con cierto carácter exclusivo para el caso novohispano, fundamentado en la extremada opulencia del arte festivo, la gran magnitud de los actos y la existencia de un viaje ceremonial desde Veracruz a México siguiendo las rutas de la conquista de Hernán Cortés desde su llegada al Golfo de México y la fundación de la Villa Rica de la Vera Cruz hasta su llegada a Tenochtitlán y la caída de la misma. Además, no se trata de entradas reales, sino virreinales: el virrey representa al monarca y es la figura de mayor relevancia en América, concepción que facilitará el gran esplendor de todo tipo de ceremonias a su alrededor.
Los modelos básicos de esta entrada se fijan básicamente con la de Fray García Guerra en 1611, que marca el ceremonial, y la del Marqués de Villena en 1640, que ya alcanza el boato que caracterizará a las entradas triunfales novohispanas. El nombramiento de nuevo virrey se solía producir a favor de un noble peninsular, que se trasladaba a Sevilla y se alojaba en los Reales Alcázares, denotando su gran importancia. El puerto de salida solía ser Cádiz o bien Sanlúcar de Barrameda, a partir de donde la Casa de la Contratación sufragaba el viaje, proporcionándole una nao capitana de la Armada Española.
Para su descripción es de vital importancia el documento de Diego García Panes (1730. Panes, ingeniero catalán formado en la Academia Militar de Matemáticas de Barcelona, llegó en el siglo XVIII acompañando al virrey Marqués de las Amarillas en su viaje, y describe todas las paradas.
Llegados los virreyes a San Juan de Ulúa se amarraba en los argollones de bronce del lado occidente y se alojaban en el fuerte recibiendo visitas de las autoridades y descansando unos días del viaje. La entrada en Veracruz es de gran importancia porque marca los ingresos en las ciudades sin el privilegio de entrada pública entendida en sentido estricto. Llegaba al muelle en una falúa [embarcación ligera] carmesí y cuando amarraba se enarbolan banderas, se producen disparos de cañón y repique general de campanas. El esquema es el siguiente: llegada al muelle, recepción de las autoridades y entrega de llaves para empezar el recorrido de las calles hasta la parroquia. Allí se producía la recepción en las puertas, donde se le presenta el palio que ha de rechazar, besa de la cruz que éste porta y toma agua bendita de su mano para adentrarse al presbiterio, donde tiene sitial, y producirse luego el canto del Te Deum en acción de gracias, que da paso a los oficios. Finalmente se traslada hasta su residencia, normalmente las Casas Reales del Cabildo. En Veracruz pasará quince días para descansar, pero también para recepciones, visitas de los baluartes y conventos, etcétera (5).
Las siguientes paradas del viaje virreinal iban a ser La Antigua Veracruz, Venta de La Rinconada, Venta Plan del Río, la Hacienda del Lencero y Jalapa, donde permanecerá al menos una noche. Visitará Las Vigas, Perote –donde pasa un día entero para la visita de la Real Fortaleza de San Carlos–, Tepeyahualco, para recibir a continuación, visitará a las autoridades de Córdoba y Orizaba, y la Hacienda los Virreyes. Tras continuar por Coapiastla [Cuapiaxtla] y Huamantla, hará un breve paso simbólico por Alahuazán, [Tizatlán] donde Cortés firmó la paz con los tlaxcaltecas. De gran importancia es Tlaxcala, donde se producía la primera entrada triunfal entendida como tal, privilegio antiguo de la ciudad por su ayuda a la conquista española. Esta se producía a caballo y entre grandes arcos triunfales, con un gran desfile que recorría la Calle Real. Tras la llegada del virrey a las inmediaciones, donde deja su coche para montar a un caballo ricamente enjaezado, se producía el desfile triunfal, formado por dragones, indígenas con trofeos, pajes, lacayos, gobernadores, regidores, caballerizos y cortejo de nobles, en medio de repiques, salvas y adornos por toda la carrera hasta llegar a la Iglesia Mayor. El gran arco triunfal se colocaba en la plaza principal, justo en la esquina del Palacio, donde más tarde se alojaría el virrey al menos tres días enteros. En Puebla de los Ángeles se produce la segunda entrada triunfal, con los grandes actos y celebraciones de esta importante ciudad. Los grandiosos arcos se colocaban en la esquina de Palacio y en la Catedral, que será el punto fuerte de esta entrada dada la gran importancia de la religiosidad en Puebla. En Cholula permanece una jornada, realizándose la tercera entrada triunfal, y en Huejotzingo se produce la cuarta entrada. Posteriormente, en dos jornadas pasará por San Felipe, San Martín y Apan. Otumba es el lugar tradicionalmente indicado para el traspaso del poder entre dos virreyes. La ceremonia se produce en las Casas Capitulares, profusamente adornadas y con una sala con dosel y dos magníficas sillas. El virrey saliente recibe al entrante y a los testigos, normalmente el secretario, capitán de alabarderos y otros personajes notables […]. Sigue su viaje hacia la ciudad de México.

