Raíces de la Cultura Popular

DANZA MOROS Y CRISTIANOS EN TLAXCALA (PARTE 2)

Del teatro de la conquista al teatro evangelizador: La conquista de Jerusalén

La conquista de Jerusalén es, según las fuentes conocidas hasta el momento, la primera representación de moros y cristianos organizada por los misioneros en Nueva España y representada exclusivamente por la población indígena. Con esta obra, los franciscanos trasladaron al teatro evangelizador este tipo de festejos que habían sido introducidos en el continente por los conquistadores. En este sentido, además de su indudable importancia para el desarrollo mismo de la tradición popular de moros y cristianos en México que ha llegado hasta nuestros días (9), la obra marca un momento fundamental para el teatro evangelizador en el que, más allá del mensaje puramente religioso, se plantea una serie de aspectos ideológico-políticos que continuarán apareciendo en algunas de las obras propias de este tipo de teatro. 

Este hecho, unido, sobre todo, a la enigmática mezcla de ficción y realidad que ofrece esta representación, en la que se integran de forma peculiar el contexto europeo y novohispano más inmediato, han convertido a La conquista de Jerusalén, en una de las obras del teatro evangelizador que más atención ha recibido por parte de los investigadores. Mi intención en el presente apartado, será intentar aportar una nueva interpretación de la obra a partir del contexto político, religioso y teatral que la determina. (…).

(…) Así, apenas quince años después de la conquista de México, en 1539, los frailes fueron ya capaces de organizar con los indígenas una espectacular representación de moros y cristianos en Tlaxcala: La conquista de Jerusalén. Dicha representación como la dirigida por los conquistadores en lo que hoy es la ciudad México unos meses antes sobre La conquista de Rodas, alcanzaría además una singular relevancia en la vida social novohispana.  

Ambas obras trasladaron a la realidad mexicana, como ya vimos, la tradición del fasto medieval que, sobre todo a finales del siglo XV, recreó la cruzada contra los moros en la península; sin embargo, el motivo de las mismas, la paz firmada un año antes entre el emperador Carlos V y el rey de Francia, determinó claramente su temática. Como voy a intentar demostrar, esta paz influyó decisivamente en la idea de cruzada que caracterizó buena parte de la política de Carlos V: la lucha contra el turco en el mediterráneo. Los argumentos elegidos para las representaciones de 1539 pretenden reflejar dicho proyecto, aunque reinterpretándolo a partir del propio contexto socio-político que se vivía en Nueva España. (…).

(…)  La guerra con Francia, que además por aquellas fechas no ocultaba sus acuerdos con Solimán el Magnífico, parecía ser el único obstáculo que entorpecía este gran proyecto de cruzada. Por ello, aunque la tregua de 1538 no solucionó definitivamente los problemas entre Carlos V y Francisco I, en aquel momento se interpretó como el cumplimiento de un último y fundamental requisito para llevar a cabo por fin dicho proyecto, lo cual explica a su vez la elección de temas específicamente relacionados con estos ideales de cruzada para las representaciones de México y Tlaxcala de 1539; en la capital novohispana, los conquistadores decidieron ofrecer La Conquista de Rodas, isla custodiada por los caballeros de San Juan desde 1309, cuya toma por Solimán el Magnífico en diciembre de 1522 había supuesto un duro golpe para los dominios cristianos en el mediterráneo oriental,(10) los franciscanos de Tlaxcala, influidos como vimos por sus esperanzas milenaristas, optaron por poner en escena la conquista misma de Jerusalén, obedeciendo así al originario espíritu de cruzada que movió las grandes expediciones a Tierra Santa entre 1099 y 1254, aunque en esta imaginaria cruzada sería el propio emperador Carlos V el encargado de emprender tan anhelado proyecto junto a su recién aliado el rey de Francia y  a Fernando I de Hungría, miembro como Carlos de la Santa Liga. (11)  

Para Fernando Horcasitas, tanto la representación de La conquista de Rodas como la de La conquista de Jerusalén obedecieron a unos mismos ideales político religiosos:

La conquista de Rodas y posteriormente la de Jerusalén (…) no solo simbolizarían el papel del rey de España como emperador universal, sino que significarían la gran conquista espiritual del mundo por el cristianismo. (…) 

La conquista de Rodas el modelo y sus diferencias  

Según Motolinía, antes de preparar sus festejos en honor a la tregua firmada por Carlos V y el rey de Francia,…los tlaxcaltecas quisieron primero ver lo que los españoles y los mexicanos hacían, y visto que hicieron y representaron la conquista de Rodas, ellos determinaron representar la conquista de Jerusalén.

Dicha afirmación fundamental para todos los investigadores que se han acercado a la pieza tlaxcalteca, ha servido para que la mayoría de ellos se hayan centrado sobre todo en las analogías existentes entre La conquista de Rodas y La conquista de Jerusalén, otorgando a la primera de estas obras solo el valor de ser un modelo a superar por los tlaxcaltecas, especialmente por lo que se refería a la puesta en escena. (…).

(…) En realidad, los aspectos comunes son innegables las dos piezas celebran el mismo hecho histórico y, en este sentido, reflejan un determinado contexto político-religioso relacionado, como acabamos de ver, con la lucha que se está librando en Europa contra el turco; además, precisamente por abordar esa determinación temática, ambas utilizan como modelo para su puesta en escena las representaciones de moros y cristianos. Pero no debemos olvidar que, a pesar de los intentos de Bartolomé de las Casas por destacar el papel de la población indígena en la representación de La conquista de Rodas, esta fue organizada por la élite española en el contexto de unos festejos que bien podrían definirse propiamente como “fastos cortesanos. (…).   

(…) Pocos años más tarde Othón Arróniz insistió en este aspecto:

La idea de que se podía incluir en una gigantesca representación a miles de indios para que, transponiendo los umbrales de la realidad se convirtieran en soldados de Cristo, es decir, en auténticos defensores de los sitios sagrados, pasó indudablemente por la mente de aquellos religiosos.(12) (…)
(…) Pero, además, dos consideraciones de Fray Toribio sobre esta guerra me parecen especialmente significativas: en primer lugar, que de nuevo “Dios por su infinita bondad quiso ser aplacado y dar victoria a los españoles [y a sus aliados indígenas]” y, en segundo lugar, que “aquellos chichimecas no peleaban como indios sino como diestros turcos”.
En definitiva, durante la rebelión de Nueva Galicia, como se había propuesto en la obra La conquista de Jerusalén, los indígenas lucharon junto a los españoles y a las órdenes del virrey Mendoza en una “cruzada” en defensa del cristianismo y Dios les dio la victoria contra los “turcos” infieles. La realidad suplantaba así a la ficción ofreciendo, en cierto modo, a los franciscanos la realización de sus sueños”. (13)  (…)    

Othón Arróniz describe las tácticas de organización:

La primera pieza teatral mexicana: “la conquista de Jerusalén”

“Tenemos aquí entre renglones, la muestra de una rivalidad ancestral entre tlaxcaltecas y mexicas, cultivada y llevada al plano literario en la pieza teatral que estamos comentando. Los habitantes de lo que hoy es la ciudad de México –españoles e indígenas– habían puesto La conquista de Rodas, para celebrar la paz hecha el año anterior entre Carlos V y Francisco 1°. Y los tlaxcaltecas –en esta ocasión suponemos que exclusivamente los indígenas dirigidos por un fraile– hicieron el viaje a la gran Tenochtitlan para contemplar las hazañas artísticas de sus rivales, con el propósito callado de mejorar o cuando menos de igualar aquella espectacular puesta en escena. La conquista de Rodas, había sido un simulacro de guerra sin precedentes en la historia del teatro mexicano. Se había construido un escenario tridimensional con todo detalle para dar la ilusión de realidad. Fray Bartolomé de las Casas, en busca permanente de todo aquello que pudiese apoyar sus argumentos en favor del talento e ingenio de los indios. Había presenciado con atentos ojos el espectáculo:

…Otra [representación] vimos en la misma ciudad de México, y ésta fue una fiesta de alegrías que se hizo el mismo año de 1539, por las paces que se habían celebrado entre el Emperador y el rey de Francia; hubo grandes edificios como teatros postizos, altos como torres, en la plaza de México, con muchos apartamientos y distinciones, unos sobre otros, y en cada uno su acto y representación con sus cantores y ministriles altos de chirimías y sacabuches y dulzainas y otros instrumentos de música, trompetas y atabales, que creo yo que se juntaron para aquel día de toda la provincia más de mil indios tañedores y cantores de canto de órgano. Hubo Castillos y una ciudad de madera que se combatió por indios de fuera y defendida por los de adentro; hubo navíos grandes con sus velas, que navegaron por la plaza como si fueran por agua, yendo por tierra. Cuando se hacía la ciudad y los dichos edificios andaban sobre cincuenta mil hombres oficiales haciéndolos, y era cosa maravillosa ver el silencio que tenían, que no parecía sino un convento de frailes que estaba en coro o en capítulo, y así de propósito los notamos los que algunas veces salíamos a ver cómo los hacían. Los edificios, montañas y peñascos y campos o prados y bosques que hicieron y animales que pusieron vivos en ellos en las casas reales donde suelen vivir los virreyes y el Audiencia real, todo encima de los corredores y los senadores y vergeles postizos para solo aquel día, y los adornamientos de escudos de flores de ellos y otras mil cosas graciosas que suelen hacer dellas, no puede nadie explicarlo y mucho menos cierto encarecello…(14) (…)   

(…) ¿Podían los tlaxcaltecas igualar, sino superar, tan ambiciosa puesta en escena? Los esfuerzos para lograrlo fueron cuando menos, verdaderamente extraordinarios, y deben de haber conmovido a la ciudad durante algunas semanas. Todo el centro de la población formaba parte del escenario, que no era otra cosa sino las propias construcciones que rodeaban la gran plaza pública. Estaba entonces construyéndose el edificio del cabildo, aun cuando apenas iban “en altura de un estado”. Parece desorbitado el gran empeño de los tlaxcaltecas por imitar a los mexicanos, pero así fue y para lograrlo no dudaron en echar a perder lo construido: “igualáronlo todo e hinchiéronlo de tierra, e hicieron cinco torres: la una de homenaje, (15)  en medio, mayor que las otras, y las cuatro a los cuatro cantos…” El escenario tridimensional tenía las pretensiones de un pequeño castillo al natural, porque las cinco torres “estaban cerradas de una cerca muy almenada, y las torres también muy almenadas y galanas, de muchas ventanas y galanes arcos, todo lleno de rosas y flores”(16).   

La ciudad estaba a medio construir y no podemos afirmar por ello si se aprovecharon para el escenario las casas que rodeaban o debían rodear la plaza. En todo caso, enfrente de la ciudadela o plaza fuerte representando a Jerusalén con sus cinco torres almenadas, al otro lado de la explanada “estaba aposentado el señor Emperador; a la parte diestra de Jerusalén estaba el real a donde el ejército de España se había de aposentar; al opositor estaba aparte aparejado para las provincias de la Nueva España. 

Por fin, el centro de este gigantesco escenario tenía algunas construcciones de importancia para el desarrollo de la acción: “en el medio de la plaza estaba Santa Fe, a donde se había de aposentar el Emperador con su ejército; todos estos lugares estaban cercados y por de fuera pintados de “canteado” (17),  con sus fronteras, saeteras y almenas muy al natural. 

El presente irreal

Tal escenario puede informarnos de los ambiciosos proyectos de los franciscanos para superar La conquista de Rodas en cuanto al aparato, y a ésta y al Juicio final, en cuanto a intención. La idea de que se podía incluir en una gigantesca representación a miles de indios para que, transponiendo los umbrales de la realidad se convirtieran en soldados de Cristo, es decir en auténticos defensores de los sitios sagrados, pasó indudablemente por la mente de aquellos religiosos. […].

La conquista de Jerusalén lograda por Godofredo en 1099 era la anécdota de la obra. Pero más que tema era un pretexto para convertir en cruzados a los tlaxcaltecas, a pesar de los cuatrocientos años que mediaban entre aquella legendaria hazaña y la puesta en escena mexicana. Cruzados llenos de fervor religioso como aquellos caballeros del siglo XI, que lograron al final, hacer que se bautizaran los vencidos (en este caso, los vencidos eran sus propios hermanos de raza) en una ceremonia no de teatro, sino absolutamente auténtica y canónica como aquella que se había realizado al final del auto de San Juan Bautista. Ahora puede parecernos todo esto tan increíble como irreverente, pero tales fueron, si no nos equivocamos, los propósitos del teatro evangelizador; luego sirvió para mostrar con cruda objetividad los castigos corporales a que se harían merecedores los renuentes en abrazar la fe católica; ahora, en Tlaxcala, surgía con todas sus posibilidades un paso más; la idea de convertir a los indios –por medio de la magia teatral– en auxiliares de la campaña apostólica.   

“Teatro en el teatro» 

El análisis de la pieza nos hará ver como no se trataba de ignorancia ni de ingenuidad de los religiosos (y de sus colaboradores tlaxcaltecas menos) inspiradores de esta curiosa obra dramática.

En primer lugar, podemos decir, que es una de las primeras manifestaciones de «teatro en el teatro» en el cual la escena se desdobla como vista en un juego de espejos. La historia pasada –La conquista de Jerusalén medieval-– solo sirve de punto de partida para enhebrar en ella una historia presente y tan contemporánea de los espectadores que pueden verse ellos mismos como en un espejo deformado.

La descripción de la puesta en escena es muy extensa y sorprendentemente tan llena de detalles que es difícil descubrir la intención del padre Antonio de Ciudad Rodrigo (y más aún la de Motolinía) al transcribirla así:

Un intento de resumir la obra La conquista de Jerusalén, a grandes trazos, sería la siguiente:  

1)    Los españoles ponen cerco a Jerusalén, ocupada por los turcos.

2)    Interviene en el cerco el ejército de la Nueva España.

3)    Escaramuza: vencen españoles y mexicanos.

4)    Los sitiados de Jerusalén, piden ayuda a sus aliados (Galilea, Damasco, etcétera.) y la reciben. Fortalecidos vencen a sus adversarios en una escaramuza.

5)    El jefe de las tropas españolas (don Antonio Pimentel), envía comunicación al emperador Carlos V, quien a su vez responde, dándole aliento a sus soldados.

6)    Escaramuza: derrotan los moros «a los de las islas» (caribes) y llenan de vergüenza con su fracaso al ejército de la Nueva España. El virrey lo comunica al emperador, explicándole que los isleños «como no eran diestros en las armas, ni traían armas defensivas, ni sabían el apellido de llamar a Dios, no quedó hombre que no cayese en manos de los enemigos»

7)   El emperador promete venir en su ayuda, llega acompañado del rey de Francia y el rey de Hungría. Escaramuza: entre moros y españoles, saliendo vencidos éstos últimos.

8)    Carta de Carlos V, al Papa, pidiendo ayuda y contestación del pontífice, moviéndose en apoyo a obispos y cardenales.

9)    Piden los españoles ayuda al Santísimo Sacramento, aparece un ángel y les anuncia la llegada del cielo del apóstol Santiago, llega éste montado en un caballo blanco, con gran temor de los moros

10)  Los de la Nueva España entran a pelear. Los moros los obligan a regresar a su cuartel. Piden ayuda al cielo.

11)  Aparece un ángel, promete a los indios la llegada de san Hipólito, patrón de la Nueva España.

12)  Llega San Hipólito a caballo. El a la cabeza de los indios, Santiago a la de los españoles, y el Emperador con sus tropas atacan conjuntamente a Jerusalén.

13)  Aparece el arcángel San Miguel en medio de la pelea. Habla a los moros y a pesar de la infidelidad de éstos, les anuncia la misericordia divina si hacen penitencia.

14)  El Sultán pide paz al Emperador y dice que se quiere bautizar. Envía carta exponiendo su arrepentimiento a Carlos V.

15)   El Emperador va hasta las puertas de Jerusalén, recibe el homenaje del Sultán y lleva a este ante el Santísimo Sacramento. Llegan en la comitiva muchos turcos e indios adultos que tenían que bautizar.

El actor que fungía como Papa delega su función en un verdadero sacerdote, que procede a bautizar a aquellos indios adultos. Aun haciendo esta simplificación de la obra en sus grandes líneas la trama parece todavía estar llena de peripecias, de ires y venires, de tortazos y estocadas, que dan la impresión de infantilismo o de género «grueso» al que no se han limado los despropósitos históricos y literarios que tanto tiene”. (18)   

Pasado el intenso fervor y la euforia inicial y habiendo cumplido su misión educativa, el teatro de evangelización empieza a declinar, perdiendo vitalidad y llegando naturalmente a su ocaso. También se evidencia como, en este siglo de la Conquista es el momento clave en que se rediseñan las relaciones sociales de los pueblos que conforman nuestra nacionalidad (indígena y española). La conquista militar y la conquista espiritual son partes integrantes de un mismo proceso y sientan las bases para la posterior política española en la Nueva España.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
  1. Véase sobre este asunto el fundamental trabajo de WARMAN, Arturo, La danza de. moros y cristianos, México, SEP- Setentas, 1972. en especial las pp. 87-92, en ellas plantea como La conquista de Jerusalén, inicia una nueva etapa en este tipo de festejos desde diversos puntos de vista, ya que, por un lado, la cultura de conquista se extiende a los grupos de vencidos y, por otro, la cultura indígena se transforma en una cultura colonial; al mismo tiempo, Warman destaca el papel de los misioneros en esta evolución.
  2. Véase BRAUDEL, Ferrnand, El Mediterráneo, y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. 2 vol. Madrid, FCE, 19761, p. 24
  3. En 1539, durante el siglo XVI, la Santa Liga, formada por los Estados Pontificios, la República de Venecia, las Españas y otros, enfrentó al Imperio Otomano, liderado por Barbarroja, en una serie de conflictos, incluyendo el asedio de Castelnuovo. La Santa Liga fue una alianza militar con el objetivo de defender los intereses cristianos en el Mediterráneo.
  4. Arróniz, Othón, Teatro de evangelización…, op. cit., p. 66.
  5. Aracil Varón, María Beatriz, El teatro evangelizador, sociedad, cultura, e ideología en la Nueva España del siglo XVI, Roma, Italia, Bulzoni Editore, 1999. pp. 449, 450, 451, 454, 459, 460, 469, 471.
  6. Casas, Fray Bartolomé de las, Apologética Historia Sumaria, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1967, p.214.
  7. Torre de homenaje es la más alta y principal de la fortaleza. “Cierto parage o parte que había en las fortalezas: y regularmente era una torre, en la cual el Castellano o Gobernador hacía juramento solemne y por auto público de guardar fidelidad y defenderla con valor (Dic. De Autoridades).
  8. Motolinía, Fray Toribio de Benavente, Historia de los indios… tratado I, cap. XV, op, cit., p. 94.
  9. Simulando pared de ladrillo.
  10. Arróniz, Othón, Teatro de evangelización…, op. cit., pp. -63, 64, 65, 66, 67, 71, 72, 75.

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