DANZA MOROS Y CRISTIANOS EN TLAXCALA (PARTE 1)
Tlaxcala Cultural abre un nuevo espacio en PERSPECTIVA, donde el lector podrá conocer más sobre temas relevantes dentro del ámbito cultural, investigaciones realizadas por la docente, promotora, gestora cultural, investigadora y editora GUADALUPE ALEMÁN RAMÍREZ, quien ha sido acreedora a diversos Homenajes, Preseas, y Reconocimientos en el estado y a nivel nacional e internacional.
En esta ocasión presentamos la primera parte de su Proyecto: “Memoria Histórica de los pueblos de Tlaxcala”, donde las raíces de la cultura popular en Tlaxcala se profundizan más allá de la Conquista.
DANZA MOROS Y CRISTIANOS EN TLAXCALA (PARTE 1)
Comparto un fragmento –“Danza Moros y Cristianos”– de un texto que estoy escribiendo “Manifestaciones escénicas en Tlaxcala siglo XVI. Su historia y su contexto”. La Dra. Beatriz Aracil Varón de la Universidad de Alicante, España, afirma que dos obras representadas en el año 1539 La conquista de Rodas, (posiblemente en marzo o abril), en lo que hoy es la ciudad de México y La conquista de Jerusalén, (5 junio 1539), en Tlaxcala, utilizan como modelo para su puesta en escena, las representaciones de la danza “moros y cristianos”. “Origen en Tlaxcala de la Danza moros y cristianos”
Contexto histórico
“A finales del siglo XIX, quienes se dedicaron a la historia del siglo XVI novohispano, como Joaquín García Icazbalceta, hicieron una marcada diferencia entre la conquista armada y la llamada conquista espiritual. La primera fue condenada como sinónimo de esclavización y destrucción; la segunda fue exaltada como un proceso civilizatorio.
Católicos fervientes, estos hombres ilustrados veían en los frailes, no sólo a los defensores de los indios, sino también a quienes introdujeron el cristianismo y con él valores morales occidentales con los cuales ellos comulgaban. Sus construcciones historiográficas quedaron profundamente arraigadas en la memoria colectiva, pues fueron clave en la construcción del nacionalismo mexicano y se volvieron lugares comunes incuestionables repetidos hasta la saciedad en el siglo XX al ser difundidos por los libros de texto de primaria y secundaria. Hoy en día, se hace necesario cuestionar dichos lugares comunes del proceso evangelizador y comprenderlo dentro de una concepción más amplia de la denominada “Conquista”(1).
El siglo XVI, fue testigo de uno de los más grandes hechos que ha vivido la humanidad, el inicio de la expansión de Europa, sobre el continente americano. El calificativo conquista, incluye la violenta lucha armada que sometió a los pueblos indígenas y el proceso de conversión al cristianismo –la llamada conquista espiritual– que insertó a los naturales de América, en los patrones de la cultura occidental. Ambos procesos trajeron como consecuencia, la imposición de instituciones económicas y políticas, que transformaron la realidad de las comunidades indígenas.
El 13 de agosto de 1521, Cortés y sus aliados lograron vencer y tomar la gran Tenochtitlan. Consumada la conquista militar en lo que hoy es el territorio mexicano, los españoles inician la predicación de la religión católica y con ello empieza la conquista espiritual y el proceso de conversión al cristianismo. También inicia una serie de acontecimientos brutales en contra de la población indígena. Los fines que perseguían los frailes era la conversión de los indígenas a la religión católica y la eliminación de sus antiguas creencias, para hacer de ellos leales súbditos de la corona española y prestar servicio a la iglesia y a sus órdenes religiosas y también que ayudaran para celebrar los días más solemnes del calendario eclesiástico.
Es contundente Alejandra Moreno Toscano al afirmar que:
…la conquista espiritual forma parte integrante del proceso de dominación colonial del siglo XVI. En varios sentidos fue mucho más radical y violenta ésta, que la conquista militar. Los conquistadores militares mantuvieron, con algunas modificaciones, ciertas estructuras sociales y de poder autóctonas, como el calpulli, el tributo y ciertas formas colectivas de prestación de servicios personales. En cambio, para construir el cristianismo los conquistadores espirituales, los misioneros; se esforzaron en destruir cualquier pervivencia de la concepción del mundo Prehispánico. Destruyeron las bases de todas las relaciones espirituales en un mundo que descansaba fundamentalmente sobre una concepción religiosa de la vida. Con ello se aseguraba su occidentalización; así se inicia el proceso de desaparición de las antiguas culturas (2).
En el texto “Manifestaciones escénicas del teatro de evangelización en Tlaxcala del siglo XVI. Su historia y su contexto” destacó la participación del pueblo tlaxcalteca en los preparativos de las obras que se representaron en los años 1538-1539, hago notar que fueron tan espectaculares las puestas en escena que movilizaban y conmovía a los habitantes de Tlaxcala. Los tlaxcaltecas hicieron suyas estas manifestaciones. Con los conocimientos de la escena medieval que aportaron los religiosos franciscanos y la imaginación desbordada de los indígenas tlaxcaltecas conocemos la crónica de estos grandiosos espectáculos escénicos que formaron parte del teatro de evangelización en Tlaxcala. Remarco que los de Tlaxcala, para estas fechas, habían adquirido una mezcla cultural y que, al participar en las obras de teatro de la manera tan asombrosa, como lo relata Motolinía, complementa el vacío dejado de su cultura antigua. Subrayo que no cabe duda que gran parte del arte popular que aún subsiste en Tlaxcala tiene su origen en las manifestaciones religiosas del siglo XVI —que se desarrollaron en el marco de una gran teatralidad— un ejemplo son las alfombras que actualmente se confeccionan en Huamantla.
En el siglo XVI, menciona la siguiente información Fray Diego Valadés:
… Adornan muy bellamente las puertas y el exterior de los templos de modo que hay más que admirar en los adornos de un sólo templo de las Indias que en todas las basílicas de España. Tejen alfombras muy extensas con las mismas flores a las que fijan en esteras de palma o de tule y así dibujan toda clase de imágenes, figuras e historias de la misma manera que se puede ver en los tapices de Flandes. Cubren también con esas alfombras las gradas y paredes de los templos y capillas; y las adornan con varias figuras que aparecen muy al vivo hechas con tejidos de flores, así como con arcos y bóvedas hechas también con flores y ramitas entrelazadas. Y es verdad que no hay personas señaladas para esto, sino que todos acuden por su propia voluntad y llevan también plumas preciosas, las cuales piden a sus señores para usarlas». (3)
Antes de la llegada de los españoles a lo que se llamó el nuevo mundo; en la época prehispánica, para las grandes civilizaciones mesoamericanas, la música, el canto y la danza formaron parte primordial de todas sus festividades religiosas, cuya finalidad principal era rendir culto a sus dioses. En Tlaxcala, al igual que en todos los pueblos mesoamericanos, la religión fue trascendental: adoraban a varios dioses y los sustentaban en sus creencias. Cuando llegaron los españoles a territorio tlaxcalteca encontraron un pueblo que, para sobrevivir durante una serie de periodos, trabajó de manera organizada para enfrentar las constantes luchas con el imperio mexica.
En la actualidad, en el estado de Tlaxcala, en el calendario de fiestas y ferias populares, podemos encontrar cada domingo un acontecimiento —procesión— de índole religioso. Esto promueve que se tiendan lazos de unión entre las familias, ya que sus integrantes participan en la elaboración de la comida o en la confección de los adornos, ya en la compra de las ceras o en la organización, para que al final manifiesten de manera colectiva sus sentimientos religiosos más íntimos.
Asevera Othón Arróniz:
“Extraordinaria la proeza de los religiosos poniendo en prosa náhuatl el texto en verso, según concluimos por la palabra de Motolinía de cuatro autos medievales, en tan corto plazo, pero también inaudita la hazaña de aquellos muchachos indígenas, discípulos de los franciscanos, al aprender en dos días los parlamentos de memoria. […] ¡Qué extraordinarios actores para improvisar en unas horas una graciosa pantomima que tanto hizo reír a aquellos solemnes tlaxcaltecas”(5)
Continúa Arróniz:
… Como vemos, para los indios, aún con la experiencia de sus propias modalidades escénicas, el teatro representaba una novedad inigualable, de la que no estaba exenta esa mezcla de piedad y terror que Aristóteles encuentra como base de la tragedia. En la representación del auto de Adán y Eva hubiese producido, en el tiempo vertiginoso de un relámpago, una corriente de simpatía entre los propios dolores del pueblo escarnecido y las desdichas del actor, cuando era arrojado del paraíso por los ángeles. Los indios como Adán, también habían sido arrojados de su propio universo, a un mundo de esclavitud e ignominia. El teatro no era ficción; era su propia vida. (6)
Los tlaxcaltecas incluyeron elementos que representaban su manera de ver e interpretar al mundo. Al consultar diferentes textos sobre las procesiones, sorprende la manera sobre cómo los antiguos mexicanos lograron asimilar las enseñanzas de las órdenes religiosas y en un admirable sincretismo, proyectaron su raíz más profunda en la fastuosa, creativa, alegórica y magnífica organización de las procesiones.
Tarea sobre la cual comenta Othón Arróníz:
…Se había permitido a los indígenas subir al escenario con la venia de los franciscanos, y desde entonces no se bajarían de él ni a garrotazos cuando menos hasta fines del siglo [XVI]. […] El proyecto de ciudad-teatro nace, con sobrada explicación en Tlaxcala, ese mismo año de 1539, los tlaxcaltecas habían sido soldados de Cristo y también, claro, soldados de Cortés. Carlos V, los había alentado por ese camino y en junio de ese año se desborda un festival de teatro misionero como nunca se había visto y como nunca se vería después.(7)
La conquista de Jerusalén
La Dra. Beatriz Aracil Varón de la Universidad de Alicante, España, afirma que dos obras representadas en el año 1539 La conquista de Rodas, (posiblemente en marzo o abril), en lo que hoy es la ciudad de México y La conquista de Jerusalén, (5 junio 1539), en Tlaxcala, utilizan como modelo para su puesta en escena, las representaciones de moros y cristianos.
Los tlaxcaltecas para hacer más solemne el acontecimiento, acordaron celebrarlo el día de Corpus Christi. Que además incluyó ese mismo día otras tres representaciones (La tentación del Señor, La predicación de San Francisco a las aves y El sacrificio de Abraham)
La estructura de La conquista de Jerusalén, consiste en que; entre batalla y batalla el cronista intercala las epístolas dirigidas al Emperador o al Papa, así como las respuestas a sus remitentes, las otras expresiones fueron probablemente improvisaciones por parte de los miembros tlaxcaltecas de los ejércitos.
Un elemento relevante del realismo de la pieza es el bautizo auténtico de los derrotados.
Participaron en esta representación Señores y Principales, ataviados con ricos plumajes, divisas y rodelas. La puesta en escena fue en el centro de la ciudad, en donde se empezaba a edificar la casa para el cabildo, lo construido tenía aproximadamente la altura de un hombre de estatura normal (lo erigido fue derribado) levantaron cinco torres con muchas ventanas, con arcos adornados con rosas y flores. Intervinieron aproximadamente 1500 actores.
Con admiración Motolinía informa:
“Con esto se partió el Santísimo Sacramento, y tornó a andar la procesión por su orden. Para la procesión de este día de Corpus Christi tenían tan adornado el camino y calles, que decían muchos españoles que se hallaron presentes: quien esto quisiera contar en Castilla, decirle han que está loco, y que se alarga y lo compone; porque iba el Sacramento entre unas calles hechas todas de tres órdenes de arcos medianos, todos cubiertos de rosas y flores muy bien compuestas y atadas; y estos arcos pasaban de mil cuatrocientos, sin otros diez arcos triunfales grandes, debajo de los cuales pasaba toda la procesión. Había seis capillas con sus altares y retablos; todo el camino iba cubierto de muchas yerbas orosas y diversas. Había también tres montañas contrahechas muy al natural con sus peñones, en las cuales se representaron tres autos muy buenos”. (8)
Destaca el Dr. Othón Arróniz “Tenemos ante nuestros ojos el primer auto sacramental mexicano, realizado bajo la inspiración de los franciscanos, pero con indudable participación de sus discípulos indígenas”. También anota: “Tenemos aquí entre renglones, la muestra de una rivalidad ancestral entre tlaxcaltecas y mexicas, cultivada y llevada al plano literario en la pieza teatral que estamos comentando”. Al final de la obra muchos indios son auténticamente bautizados por un sacerdote, quizá el mismo Motolinía.
Conquista espiritual y conquista política
“La labor evangelizadora no implicó exclusivamente aspectos religiosos […] los misioneros llevaron a cabo una participación activa en la vida social y política de la colonia. Su defensa del indígena les obligó en ocasiones a enfrentar al poder civil pero nunca a poner en entredicho a la Corona Española. […] la representación de moros y cristianos, introducida por los conquistadores en tierras mexicanas, converge en un momento dado con el teatro evangelizador para dar paso a un tipo de representación que va reelaborando dicho modelo y enriqueciendo o matizando estos dos objetivos básicos que definen a todas estas obras (…).
(…) Estableceré para ello tres fases o etapas, no necesariamente sucesivas en el tiempo, que definen, en mi opinión, las diferentes formas en que el teatro evangelizador se enfrentó al problema de la conquista y de la obediencia al imperio:
a) en una primera y fundamental etapa, se localizan La conquista de Jerusalén (1539) y otras obras que, sin pertenecer al teatro evangelizador, son punto de referencia esenciales para situar dicha representación (como La conquista de Rodas), estas obras, que se caracterizaron por su espectacular puesta en escena, proyectaban en definitiva una idea medieval de cruzada, aunque reinterpretándola a partir de la propia experiencia de la conquista americana y del contexto sociopolítico del México colonial;
b) durante una segunda fase, la evolución de las representaciones de moros y cristianos en zonas periféricas como Nueva Galicia, donde fueron comunes los enfrentamientos bélicos con los indios rebeldes, dio paso a nuevos modelos propiamente indígenas, las “danzas de chichimecas”, que reproducían la realidad novohispana más inmediata;
c) por último, este mensaje político-religioso es asimismo reelaborado por una literatura dramática tardía, que toma para ello como modelo temas comunes en el teatro peninsular del siglo XVI, como son la Destrucción de Jerusalén, y La invención de la Santa Cruz por Santa Elena.
Para concluir una vuelta sobre el caso concreto de Tlaxcala y las representaciones religiosas que allí tuvieron lugar durante el siglo XVI, permitirá demostrar cómo también en ocasiones el teatro sirvió a los naturales para defender determinadas posturas respecto al problema de la inserción del indígena en la sociedad colonial y sus relaciones con la Corona española. (Continuará…)
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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Rubial García, Antonio, La evangelización como un proceso de conquista, Noticonquista, Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, 2021.
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Moreno Toscano, Alejandra, “La era virreinal”, capítulo II de la obra titulada Historia Mínima de México publicada por El Colegio de México en el año 2003, pp. 53-74.
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Palomera, S. J. Esteban, Fray Diego Valadés, México, Universidad Iberoamericana, 1988, p. 313.
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Auto. Composición dramática de breves proporciones en la que intervienen personajes bíblicos o alegóricos. Son obras cortas tradicionalmente en un acto, caracterizadas por el triunfo del bien sobre el mal, o en el caso de las alegorías de la razón sobre el error. Los temas de los autos se basan en las historias y creencias judeocristianas, especialmente en la tradición católica. Lo que diferencia al auto de cualquier otra obra de carácter religioso, es la presencia del elemento milagroso, así aparece lo sobrenatural religioso ya sea de origen celestial o infernal.
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Arróniz, Othón, Teatro de evangelización en Nueva España, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1979, cap. IV, pp. 46 y 48.
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Arróniz, Othón, Teatro de evangelización…, op. cit., cap. IV, p. 61.
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Garza Cuarón, Beatriz, Historia de la literatura mexicana desde sus orígenes hasta nuestros días, Volumen I, México, Siglo XXI editores, 1996, p. 396. Claro, soldados de Cortés. Carlos V, los había alentado por ese camino y en junio de ese año se desborda un festival de teatro misionero como nunca se había visto y como nunca se vería después.
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Motolinía, Fray Toribio de Benavente, Historia de los indios de la Nueva España, México, Editorial Porrúa, 2014, tratado primero, cap. 15, pp. 101,102.

